LUCENA

Entrevista a Fernando Carbonell en el ABC de Córdoba

La edición del diario ABC de Córdoba, del domingo 5 de diciembre de 2010, publica una entrevista a Fernando Carbonell, presidente de Tarbut Lucena, que recientemente ha impartido dos conferencias en Córdoba. El 23 de noviembre se publicaba también una entrevista a Fernando Carbonell en Diario de Córdoba. Y es que las conferencias de Carbonell han despertado una gran expectación, como bien describe el periodista Aristóteles Moreno en la entrevista de ABC.

 

 

Fernando Carbonell, profesor de Filosofía: «El estado no me hace gracia»

Estudió Filosofía para desmadejar sus dudas. Y se le deshilacharon otras nuevas. Como un ovillo sin retorno. «Pero es bello pasarte la vida buscando respuestas», proclama

Una conferencia de este profesor de Filosofía es una experiencia inclasificable. Lo mismo se acompaña de diapositivas con fondos oceánicos, que arranca a cantar canciones sefardíes ante el público. Podríamos decir sin riesgo a equivocarnos que sus propuestas se acercan más a una performance que a una disertación erudita. Eso fue exactamente lo que hizo en la Ermita de la Candelaria en una sugerente charla sobre los judíos de Lucena. Mandó apagar las luces, dosificó pronunciados silencios y se sumergió en el universo esotérico de la cábala.

Se le percibe cierta predilección por lo esotérico. ¿Qué realidad se esconde tras lo oculto?
Sospecho que de todo lo que pienso algo hay de verdad. Aunque no lo sé demostrar. Creo que la verdad pasa por mi lado, pero no sabría decir cual. Todo artista es esotérico. Y aunque el arte es trabajo, trabajo y trabajo, hay algo más. Algo que no se puede enseñar.
Fernando Carbonell (Córdoba, 1949) pertenece a una saga de productores de aceite que emigraron a Córdoba desde Alcoy en el siglo XIX. Por ese lado, le viene su vinculación con Lucena, donde su familia era propietaria de una finca de olivar. Y aunque se matriculó en Ingeniería Industrial, en la estela paterna, acabó renunciando y se mudó a la carrera de filosofía.

¿Por qué filosofía?
Yo dudo mucho.

¿Y la filosofía le ha resuelto muchas dudas?
Me ha dado muchas respuestas pero casi más nuevas preguntas. No tenía una vocación clara y estudié filosofía para saber qué era lo mío. Y pensé: si no encuentras qué es lo tuyo, al menos es bello pasarte la vida buscándolo.

¿Qué respuestas buscaba?
Todas las respuestas del ser humano: ¿qué es lo bueno y qué lo malo? ¿qué es la verdad?

¿Ha resuelto muchas?
Ya casi he aceptado la propia indefinición. Estar abierto a cualquier cosa. Como decía el filósofo: quien no espera lo inesperado nunca lo encontrará.

¿Qué piensa de los que no dudan?
Que se pierden lo mejor de la vida. Miret Magdalena decía que toda fe debía estar basada en la duda y que el verdadero religioso debe tener una base atea. Yo, en ese sentido, soy tan creyente como ateo.

¿Eso es posible?
Eugenio Trías decía que la clave está en los contrarios. La disyuntiva. Los místicos le llaman a Dios la nada.

¿Le preocupa la idea de Dios?
Como decía Borges, Dios es un personaje literario muy interesante.

¿Sólo literario?
Bueno, yo tengo de la literatura un concepto muy alto. Intento vivir literariamente. Pero, claro, sabiendo dónde está la realidad. La filosofía es un ejercicio de alto riesgo. Igual que vivir implica el peligro de morir, pensar implica el peligro de volverse loco.

Digamos que la libertad nos lleva al abismo.
Sí, sí. La libertad es una maravilla pero peligrosísima. Yo soy mitad liberal y mitad anarquista.

¿Son términos conciliables?
Yo lo intento. El lema del liberal dice que la libertad de cada uno empieza donde acaba la del otro. Y el anarquista dice que uno no puede ser libre mientras el otro no lo sea también.

En cualquiera de las dos, no le deja usted sitio al Estado. ¿Es usted un escéptico del poder?
El Estado no me hace mucha gracia. Cuanta menos concentración de poder mejor. Pero reconozco que es demasiado utópico la visión de que todos somos hermanos. Tiene que haber cierta organización, un orden, leyes para resolver los conflictos.
Fernando Carbonell es doctor en Filosofía por la Complutense y ha sido profesor visitante en la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachussetts. Es socio fundador de la asociación Cruce, Arte y Pensamiento, y preside la asociación Tarbut Sefarad Lucena, aunque no es judío, según reconoce él mismo.

Combina usted la filosofía, el arte, la música. Menudo gazpacho.
Uno piensa con todo. He heredado el interés de mi padre por la cultura. El dirigió la galería del Círculo de la Amistad en los 50 y 60. Aquellos años mágicos del Grupo Cántico y del Equipo 57. Yo soy racionalista, pero no porque crea sólo en las matemáticas, sino porque creo en la razón de la estética, del arte, de la cultura.

¿Qué hay en la cultura sefardí?
Para un español, muchísimas cosas cercanas. Por ejemplo, el aceite, una cosa tan cordobesa. En los sefardíes encuentro una línea histórica larguísima.

Dice que «lo importante es difícil de definir y no se debe nombrar». Descífreme, por favor, este enigma.
Los judíos tienen una tradición contradictoria. Dicen que a Dios no se debe nombrar y, sin embargo, tienen muchos nombres para referirse a él. El monoteísmo tiene mala prensa, porque se han pasado la vida matándose unos a otros.

También dice que «hasta en lo malo hay mucho de bueno». ¿Por ejemplo?
Uno de los temas más importantes de la cábala es explicar el mal en el mundo. Es la base de muchos ateísmos. Si Dios es bueno, ¿por qué permite el mal? Para los sefardíes, el mal está en el propio Dios. Hay un mito judío que dice que en el fin de los tiempos Dios se casará con la reina de los diablos, Lilit. En el fin de los tiempos el bien y el mal se unirán.

¿Cuál es la clave: saber o sentir?
Ahí yo soy romántico rousoniano: «siento luego existo».

Un crítico dice que sus conferencias son «experiencia recomendable para aliviar las penas». ¿Es usted un gurú?
Los judíos jasídicos decían que el principal mandamiento es estar alegre. Yo termino mi conferencia dando vino. Es posible ser profundo con alegría y sentido del humor.

¿Conoce algo más esotérico que el mercado?
El mercado es como el diablo: conviene estar en ciertos tratos con él.

¿Por dónde hace aguas el mundo?
Hay un lema muy sencillo pero muy difícil: vive y deja vivir. Hace aguas en que no dejamos vivir al otro.

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