Apostamos por llevar las actividades allá donde están los amigos de la cultura judía. Por eso nos gustan las giras: son itinerarios culturales que nos permiten llevar una misma actividad a varias ciudades de la red Tarbut Sefarad.

Miquel Segura

Altea fue el broche de oro

 Crónica de Miquel Segura. El pueblo alicantino de Altea, un laberinto blanco y azul asomado al mediterráneo, se constituyó en el broche de oro de la gira de Miquel Segura a lo largo y ancho de las tierras de Sefarad. En Altea se dieron dos circunstancias completamente nuevas. En primer lugar, los anfitriones del acto, el entrañable Josué y Abraham, su padre, son miembros activos de una comunidad judía. El acto, por lo tanto, se celebró en una sinagoga. Ya no se trataba de hablar de “cultura judía”, sino de sentirse arropado por unas personas que viven con la mirada puesta en Hashem.

La segunda particularidad de la presentación alicantina de “Raíces chuetas, alas judías” fue la presencia de Jaume Segura, hijo del autor, que ya debía presentar el libro de su padre en Madrid. Obligaciones propias de su alto cargo en el ministerio de Asuntos Exteriores se lo impidieron entonces y la cita quedó pendiente. Así fue como Jaume, su esposa Leonor y los hijos de éstos –nietos de Miquel Segura- se presentaron en Altea, donde tuvieron ocasión de convivir con una comunidad judía.

Jaume Segura, muy emocionado, habló de lo que significaba para él y su familia el hecho de que su padre haya iniciado el camino de recuperación y dignificación de la identidad chueta –maldita durante tantos años- y también el de retornar al seno del pueblo judío. En una intervención muy sentida, Jaume Segura supo conectar con un público emocionado, que siguió con gran interés sus palabras.

Por su parte, Miquel Segura empezó diciendo que aquel era uno de los días más felices de su vida. Primero porque, después de un sin número de presentaciones, tenía el gozo de sentarse en una mesa junto a su hijo. La segunda gran alegría de Miquel Segura, según dijo, fue la de contemplar a su nieto mayor –quién provocó, sin saberlo, que él escribiera el libro- tocado con una kipá.

Fue un acto, si cabe, mucho más entrañable que todos los anteriores. Hubo música y canciones judías, mucha sinceridad y una emoción nueva. Al final, los anfitriones entregaron sendos regalos a los Segura, padre e hijo, así como a la esposa y madre de ambos, Margalida Socías, que ha sido el alma y el motor de una gira que finalizó en un pueblo blanco y azul, encaramado en las montañas que miran hacia Israel. Un broche de oro impensable para un proyecto que tenía mucho de quijotesco y que ya es  testimonio perenne de una tenaz voluntad judía.