Apostamos por llevar las actividades allá donde están los amigos de la cultura judía. Por eso nos gustan las giras: son itinerarios culturales que nos permiten llevar una misma actividad a varias ciudades de la red Tarbut Sefarad.

Miquel Segura

Crónica de una gira inusual

Por Miquel Segura.
Nuestra querida Lina me pide una “crónica global” de la gira de dos semanas que, en compañía de mi esposa, realicé durante dos semanas a lo largo y ancho de Sefarad para   presentar mi libro “Raíces chuetas, alas judías” y yo, cronista avezado, no sé por donde empezar. Es tal el cúmulo de sensaciones, de vivencias, de sentimientos, que Margalida y yo hemos atesorado en estos días que no me siento capacitado para transmitirlos adecuadamente.
La nuestra no fue, quien lo duda, una gira literaria al uso. Los ganadores y finalistas de premios de renombre son paseados en volandas por las principales ciudades españolas y sus obras se presentan en olor de multitudes en escenarios comerciales, en medio de una parafernalia que tiene mucho de espectáculo mediático y muy poco de acto cultural.


La gira de “Raíces chuetas, alas judías”, fue todo lo contrario. A nosotros nos esperaban personas auténticas, con las que nos unían unos vínculos invisibles, pero cuya fuerza podíamos percibir a cada instante. Desde el punto de vista promocional, es cierto que hubo presentaciones más nutridas que otras –la de Sevilla, sin duda, se llevó la palma- pero al finalizar nuestro periplo me di cuenta que eso era lo de menos. Mi querido amigo Mario Sabán calificó mi actitud de “quijotesca”. Recorrer más de media Sefarad –concretamente 2973 kilómetros- para dar testimonio público, y muchas veces publicado, de mi tozuda identidad chueta, explicar a quien quisiera escucharlo que en mi libro se plantea algo tan gordo como que los chuetas debemos volver al judaísmo si no queremos ver arrasada nuestra memoria, es mucho más que promocionar una obra literaria. Pero quería hacerlo y lo hice, como tantas otras cosas que me he propuesto en este mundo. Nunca lo hubiera conseguido sin el concurso de dos personas muy queridas: mi esposa, Margalida, que me acompañó pacientemente, cual Sancho Panza cuidadoso, y Lina Camí, la mejor coordinadora que he conocido en mis largos años de afanes intangibles.

Nueve presentaciones, nueve, desde Manresa a Altea. Como ya he dicho, dimos la vuelta a España en el sentido inverso a las agujas del reloj. Y en cada ciudad, una persona o un grupo de personas que nos recibían como si en ello les fuera la vida. Y con mucha o poca gente en la sala –de todo ha habido- siempre el mismo mensaje: soy chueta y quiero ser judío, tal vez tenga que escribir aún un tercer libro sobre el tema, quizá tendré que colarme por el agujero del gato de la puerta de Sión. Siempre la misma historia: del insulto a la toma de conciencia, de ésta a la militancia chueta. Y después. La asunción de una identidad perdida. Y, más tarde, el empeño por retornar. Después de muchos siglos, nunca sabré cuántos, se inicia una nueva batalla. No hay descanso para el viajero entre las dos orillas.

No hay descanso, pero sí hay posadas con amor de lumbre, y personas que se emocionan al escuchar tu testimonio. No podré nombrarlas a todas, pero cada una de ellas permanece ya en nuestro corazón. Nos hemos sentido arropados por la gran cadena –que nada tiene de virtual- de Tarbut Sefarad. No íbamos a vender libros, ni a convencer a nadie de nada. Éramos viajeros de una quimera y hemos encontrado personas que querían compartirla, que nos ofrecían lo mejor que tenían, moral y materialmente, para hacernos sentir que lo que hacemos tiene sentido.

Muchas gracias a todos nuestros anfitriones. Ahora lo importante es permanecer unidos. Ni siquiera es preciso que estemos de acuerdo. Basta con que nos una la invisible cadena de nuestro ser judío. Basta con que sepamos que cualquier día volveremos a vernos para compartir aquello que nos permite seguir adelante. Algo indefinible que para unos es Hasshem, para otros un viejo barrio sepultado por el polvo de la Historia, y para un tercero el sueño cumplido de un museo. Todo sirve para caminar juntos. Lo importante es no detenerse nunca. En ello estamos.

Muchas gracias, queridos amigos.