Noticias Iuventa

Hasday ibn Saprut

LA AVENTURA DE LA HISTORIA. Agosto de 2006.
La Historia ha pasado de puntillas sobre su figura, pese a que fue uno de los personajes más influyentes de la Corte de Abderramán III. Francisco Muñoz recupera su figura y sus aportaciones científicas. Abu Yusuf Hasday ben Isaac ibn Saprut es uno de esos personajes sobre los que la Historia ha pasado de puntillas. Más conocido como Hasday ibn Saprut, este médico judío nacido en Jaén en el año 915 fue una de las personas más destacadas e influyentes de la corte de Abderramán III, quien no sólo hizo de él su médico personal sino que lo nombró nasí –príncipe– de las comunidades judías de al-Ándalus. Su vasta formación cultural y científica, su condición de políglota, su trato agradable y su habilidad diplomática le convirtieron en persona de confianza del califa omeya, al que prestó importantes servicios. Uno de los más conocidos quizá sea el de la curación del rey Sancho I de León, llamado el Craso por la obesidad mórbida que padecía, que lo imposibilitaba para cualquier actividad y motivó que los nobles leoneses, apoyados por el castellano Fernán González, lo depusieran y colocaran en el trono a Ordoño IV el Malo. La reina Toda de Navarra, abuela de Sancho I, demandó la ayuda del califa cordobés para curar a su nieto y recuperar el trono perdido. Hasday ibn Saprut fue a Navarra, negoció un acuerdo favorable a los intereses omeyas y consiguió que la orgullosa Toda viajase a la capital del Califato acompañada de su hijo García Sánchez I y de su nieto Sancho. Abderramán los recibió en Medina Azahara, en una audiencia llena de solemnidad, le encomendó a Hasday ibn Saprut la curación de Sancho y le ofreció a Toda el apoyo militar que le había pedido. Como compensación, la reina, gracias al talento diplomático de Hasday ibn Saprut, le prometió al califa la cesión de diez fortalezas de la zona del Duero. Hasday curó a Sancho de su obesidad y el leonés pudo recuperar el trono con el auxilio de las tropas cordobesas.

Francisco Muñoz, periodista y escritor, secretario general de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y autor de las novelas históricas “El Bosque del Rey” y “Las colinas del Edén”, destaca en este número las virtudes del médico y pensador judío, que redescubrió la desaparecida triaca –una poción antiquísima considerada como el antídoto universal– y fundó la escuela talmúdica de al-Ándalus.