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Huellas judías en el Quijote, un proyecto

Por Santiago Trancón.
Cuando Cervantes escribe "Zaragoza" y "aceñas del Ebro" quiere decir "Zamora" y "aceñas del Duero", porque en el Ebro nunca hubo aceñas. Es sólo un ejemplo de los cientos que analizo en mi libro. Hay que leer el Quijote teniendo en cuenta estos juegos de palabras, los dobles sentidos, la superposición de alusiones y significados, lo que dijo y lo que quiso decir Cervantes. El Quijote, de pronto, se ilumina y adquiere mucho más interés y profundidad. Zamora, lo sabemos, fue un centro judío importantísimo a finales de la Edad Media.

 

En la época de la expulsión (1492) entre León y Zamora había más de 50 asentamientos judíos. Cervantes proviene de esta zona, y las pistas su origen judío aparecen constantemente en las páginas del Quijote.

Pongamos otro ejemplo de cómo escribe Cervantes y el modo como va dejando indicios de su origen converso y su vinculación con el antiguo reino de León.

Cervantes escribe, hablando de las Lagunas de Ruidera y el Guadiana: "en cuyas aguas sólo se crían unos peces burdos y desabridos, no como los del dorado Tajo". Vamos a ver, ¿a santo de qué hace esta afirmación tan extraña, qué puede significar, a qué puede referirse? Sabemos que Cervantes no escribe por escribir, que si dice algo tan raro nos quiere dar alguna pista. Primero: en el Guadiana y las Lagunas de Ruidera se crían todo tipo de peces, y sabrosísimos, como truchas, percas, lucios, barbos... Ahora y en tiempos de Cervantes. Así que una de dos: o se equivoca, o no se está refiriendo a estas lagunas, sino a otras.


Aquí es donde entra mi hipótesis, la de que Cervantes conocía bien las montañas de León y la Tierra de Campos. Resulta que en Villafáfila hay unas siete grandes lagunas (que tuvieron muchísima agua en tiempos de Cervantes), que dieron lugar al nombre de toda esta zona: la Lampreana. Lampreana significa "zona de lampreas", unos antiquísimos peces (provienen del jurásico), que no tienen escamas y una boca en forma de ventosa con varias hileras de dientes. La descripción de "burdos y desabridos" les encaja perfectamente. Se crían bien aguas salitrosas y lodosas, como las de las lagunas de la Lampreana, creadas por el río Salado. En estas aguas ya los romanos criaron lampreas, y los monjes de Sahagún se sabe que también lo hacían para cubrir su dieta cuaresmal. ¿Pero sabía Cervantes lo que eran las lampreas? Pues sí, porque en su libro "Viaje del Parnaso" nos describe a Neptuno saliendo de las aguas con "dos gruesas lampreas coronado".


Así que no hay duda, sobre el nombre manchego de las Lagunas de Ruidera, Cervantes superpone el de las Lagunas de la Lampreana, en las que en realidad está pensando. Las otras, las de Ruidera, ni las conocía. Pero hay más: las lampreas son comida no cosher, porque no tienen escamas; es natural que a Cervantes, de origen judío, no le gusten. Este es un ejemplo más de cómo escribe Cervantes, y en estos descubrimientos me baso para escribir mi libro (que os animo a comprar por adelantado mediante la página que figura abajo) Huellas judías y leonesas en el Quijote. Redescubrir a Cervantes.

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