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Miquel Segura es aceptado como miembro de la Comunidad Judía de las Islas Baleares

Por Miquel Segura.
Un hecho trascendental -al menos para los estudiosos del judaísmo mallorquín- que se saldó con la lectura de una notificación. Así podría definirse el “acto” -si es que así puede llamársele- que tuvo lugar en la sinagoga de Palma en la noche del viernes 19 de marzo. Allí, antes de empezar la celebración del “kabalat shabat”, el  vicepresidente de la Comunidad, Abraham Barchilón, leyó la resolución del Consejo Superior Rabínico Español. Mihael Bar Haim Segura -Miquel Segura para los no judíos- era aceptado como miembro de pleno derecho de la Comunidad Judía de las Islas Baleares. Dicha resolución se fundamenta en el “Documento de Retorno al a fe de sus Ancestros” expedido y firmado en su día por el rabino Mordejai Mark Àngels, de la Comunidad Shearit Israel de Nueva York.

 

De modo tan simple y sencillo yo, Miquel Segura, hijo de Jaume y de María, perteneciente -y son palabras del documento original firmado por Àngels- a la comunidad chueta de Mallorca”, me convertí en el primer descendiente de judíos conversos mallorquines que, tras ser aceptado como judío por una alta institución rabínica de Estados Unidos y por el Consejo Superior Rabínico Español, pasaba a formar parte de una comunidad judía. ¿Se abría un paréntesis o se cerraba? Para mi, finalizaba una época y empezaba otra. La “Comunidad Judía de las Islas Baleares”, a la que ya pertenezco, nunca había acogido a un chueta como “judío de pleno derecho”, por decirlo de alguna forma. Ahora ya cuento como minián -así se denomina en el judaísmo el “quorum” necesario para poder llevar a cabo determinadas celebraciones- leer la Torà y -espero que dentro de muchos años- ser enterrado en un cementerio judío. Mi larga marcha hacia el judaísmo ha finalizado y empieza una nueva etapa. Ahora debo estudiar Torà, aprender hebreo, aprender a vivir como lo que soy -en realidad siempre lo fui- un judío mallorquín.

Increíblemente, los hechos trascendentales suceden a veces de esa manera: discretamente, calladamente, he atravesado la puerta de Sión. Siempre seré un chueta, pero ya no seré -al menos hasta que me sepulten- simple material de archivo. Ser el primero no tiene para mi más mérito que el de haber sido merecedor de una gracia muy especial. Ahora, como judío que soy, ni siquiera puedo instar a otros chuetas a que me sigan. Sin embargo, he marcado un camino, pese a quien pese. He cerrado un paréntesis pero he abierto una puerta. Barus Hashem.