Red Tarbut

Resumen de la conferencia del rabino Abraham Skorka en Lleida

Por Ángel Miranda.
Todos hemos oído hablar del “DIÁLOGO” y nos ha tocado vivir en una época que a pesar de los “diálogos”, con minúsculas, se produce una confrontación tras otra. ¿Cuál es el problema? No se cumplen las condiciones básicas. Los que hemos podido asistir a la conferencia dada por el rabí Abrahan Skorka y disfrutar de su exposición pausada y profunda, con el gracejo del deje de su castellano argentino, el dominio de la Torá, el Talmud, la filosofía y la historia unido todo a su gran experiencia docente, hemos salido de la sala del Institut d'Estudis Ilerdencs con más peso en el alma y más saber en nuestros conocimientos. Y todo ello salteado con simpáticas experiencias de su amistad con el Papa Francisco con quien colabora en extender la Paz y el diálogo entre los pueblos.

El Rabí ha empezado pedagógicamente su introducción citándonos las que para él son las primeras experiencias de diálogo:

“La Biblia es la antropología del hombre escrita por el dedo de Dios” cita de un pensador.

Es Dios el que rompe su soledad creando a Adán (en hebreo= a hombre+mujer formando una unidad en el amor).

Es Dios quien inicia el diálogo: “….y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Dios por entre los árboles del jardín y Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? (Génesis)

¿A caso Dios necesitaba preguntarlo? Él busca el diálogo con su creatura.

Otro tanto sucede con Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Todos sabemos que cuando hace esta pregunta ya se había producido el fratricidio pero Él busca una respuesta, un diálogo e invita a Caín a cambiar sus sentimientos y le invita a levantar el rostro abatido.

Dialogó con Noé porque “Noé andaba con Dios” nos dice el Génesis y Noé le aplacó la ira.

Regateó con Abraham por Sodoma y Gomorra.

“ …y Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla el hombre con su amigo” (Éxodo)

Tras esta breve introducción ha empezado a analizar y profundizar en las causas del fracaso:

Una mirada incisiva en la coyuntura presente permite distinguir un mundo inconexo, en el que el verdadero diálogo, entendido en los términos en que lo definió Martín Buber en el siglo pasado, se halla muy lejos de plasmar la realidad. ("El espíritu no está en el Yo, sino entre Yo-y-Tu. No es como sangre que circula en ti sino como el aire que respiras. El hombre vive en el espíritu cuando sabe responder a su Tu.” (Buber)

El problema radica en el hombre, en su falta de aceptación del otro. Cuando las experiencias y los sentimientos religiosos se estructuran y organizan dejando de servir a su propósito esencial para atender a intereses espurios, se plasma en lo humano una realidad inconexa, de falta de diálogo, alienación.

Un profundo y sincero diálogo, entre representantes de los distintos credos, la búsqueda de un idioma común, que se cimienta en la sinceridad, la aceptación en plano de igualdad de la persona del otro. Sin embargo, el léxico que permite entablar un diálogo profundo entre todos los creyentes es aún materia pendiente por conformar. Las religiones, que aúnan a los creyentes de una misma fe, conjugan frecuentemente en sus estructuras tanto la religiosidad como factores políticos e intereses de distinta índole, muy lejanos de aquélla. Por ello el pasado humano ha sido testigo de "guerras santas", en las que lo religioso fue usado para servir al descarriado interés humano.

Las religiones fueron utilizadas frecuentemente en el pasado como bandera política. Su mensaje, fines y esencias, fueron tergiversados por líderes carentes de escrúpulos, incautos o espiritualmente superficiales. Por eso, a partir de los tiempos modernos las religiones fueron acerbamente enjuiciadas, y frecuentemente no se solía distinguir en las críticas entre la religión como institución y la religión como la universal expresión de un profundo componente del espíritu humano. Es el diálogo sincero, el que permite al hombre dignificar su existencia, condición necesaria para encarar el diálogo con Aquél que la ha creado.

El 28 de octubre de 1965 en el marco del Concilio Vaticano II se aprobó la declaración Nostra Aetate, con la cual la Iglesia Católica Apostólica Romana puso un punto final formal a la nefasta acusación de deicida contra el pueblo judío, que era, por lo tanto, merecedor de los calificativos más aborrecibles y de las denigraciones más execrables. Aunque lleve la firma de Pablo VI había sido S. JUAN XXIII quien, debido a su triste experiencia durante la II Guerra Mundial en Estambul, luchó para conseguir tal declaración y cambiar la mentalidad de la Iglesia. Desde entonces, múltiples barreras de incomprensión, ignorancia y odio fueron horadadas por doquier. Juan Pablo II, llamándonos los “hermanos mayores”, Benedicto XV y nuestro actual Papa Francisco han seguido extendiendo el diálogo.

Al anteponer un sentimiento con características egoístas, egolátricas y egocéntricas a todo otro que permita y coadyuve un diálogo sincero con el prójimo y con Dios, nos hallamos frente a una actitud netamente pagana. Cita como ejemplos de paganismo la falta de humanidad y solidaridad hacia el prójimo como denunciaban los profetas, los fascismos, los estalinismos y los movimientos de fanatismo que matan en nombre de Dios.

“Construir puentes y derribar muros” es la consigna que el Rabí comparte con su amigo el Papa Francisco.

En el turno de preguntas, todas ellas interesantes, acudió al Talmud y al filósofo Maimónides para responderlas siguiendo su pensamiento.


Ángel Miranda
Aula Magna del I.E.I. – Lleida, 26 de noviembre de 2015.