Pilpul / debate

Cita con el maestro Báruj, conversación con Báruj Zaidenknop

Por Raúl Vinokur.
Puesto que había llegado a la zona algo temprano, di antes cuenta de una reconfortante porción de muzzarela en la pizzería de la esquina. Es una de esas básicas experiencias materiales que predisponen positivamente el espíritu (1). Luego me dirigí al lugar de la cita, en un edificio público dependiente del gobierno porteño, donde tenía previsto conversar con un intelectual judeo-argentino de primer nivel: Báruj Zaidenknop (2).

151016 vinokur zaidenknopEn la consulta telefónica previa del día anterior, miinterlocutor en ciernes me había citado en su oficina, indicando que preguntara por Báruj. Porque en su trabajo todos lo conocen por Báruj. Si al llegar a la recepción hubiera preguntado por Benito, su nombre en el documento de identidad, muy pocos en esas dependencias oficiales hubiera sabido a quien me refería. En cambio, al mencionar su nombre hebreo, sabían positivamente que me estaba refiriendo a ese alto responsable del Ministerio de Educación, acaso vecino de despacho, de trato afable y experto en diversas materias.

Aunque es reconocido maestro de maestros, profesores y directores de institutos educativos, él prefiere que lo llamen así: maestro. Y por su vertiente de profesor de rabinos y especialistas en pensamiento judío, elige ser llamado moré (maestro, en hebreo).

Una prolífica vida profesional dedicada a la docencia valida su convicción de que no se trata solamente de saber: se trata, además, de enseñar eficazmente. Porque para él es tan importante el estudio en busca del conocimiento verdadero como el de disponer de la capacidad para transmitirlo genuinamente.

La tradición educativa judía enseña un modelo interesante para llevar a cabo esta transmisión, me explicaba el profesor Zaidenknop, es decir, el maestro Báruj. Esto ocurre desde hace unos dos mil años, cuando los sabios judíos supieron promover una ‘muralla de palabras’ alrededor de la Torá, comenzando con la alfabetización y educación generalizada entre los judíos varones desde la más temprana infancia.

Ahora bien, continuaba la explicación, en una Yeshivá, donde se estudian la Torá y el Talmud, no se enseña con la clase mirando a la pizarra y atendiendo al discurso del profesor, sino que se recurre al talmúdico método de la javruta (amistad, en arameo). En esta modalidad bimilenaria los bancos no están de cara a la pizarra. Pupitres o sillas están distribuidos por toda la sala de manera desigual, más bien en círculo. El propósito es estimular la lectura, comentario y discusión de los textos en grupos de alumnos, ‘javrutas’. Estas javrutas, formadas alternativamente por entre dos y cinco miembros, analizarán los significados del texto asignado discutiendo argumentalmente entre ellos.

Y le presenté un tema que alguna vez se habrá discutido en javruta. Un sobrino me había preguntado, la noche anterior a la charla, si sabía en qué momentos había escrito Moshé la Torá, si en los cuarenta días en la montaña, si a lo largo de los cuarenta años en el desierto, o cuándo. En vista de que no supe la respuesta, aproveché la ocasión para trasladar la pregunta a mi ilustre entrevistado: Con su hablar pausado y persuasivo, me respondió que lo trascendente no es el cuándo, sino el qué. Lo esencial es la Revelación de la Ley de Dios, la Torá, a través de Moisés, al pueblo de Israel, con el compromiso de su cumplimiento. De eso se trató el Pacto, del contenido de la Ley que regiría a partir de ese instante. Acerca de los demás detalles y circunstancias en que fue escrita la Ley puede haber numerosas respuestas distintas entre sí, pero que no alteran en absoluto lo fundamental: el evento sagrado que tuvo lugar a los pies del Har Sinai.

Sin embargo, la aplicación de la Torá requiere su interpretación a través de la Ley Oral, reflejada especialmente en el Talmud y en otras interpretaciones de maestros posteriores a su publicación.

Para ilustrar esta aseveración, el maestro Báruj expuso que, en la más estricta tradición judía, la circuncisión no es obligatoria en todos los casos. Por ejemplo, puede y debe ser evitada en un recién nacido, sin afectar en absoluto a su condición de judío, en el caso de haber fallecido por hemorragia –por hemofilia- un bebé anterior de los mismos padres, durante su respectiva circuncisión.

Es importante señalar que, en el debate judío, la confrontación no es un fin en sí mismo —me explicaba—, sino que el fin es la búsqueda de la verdad y el aumento del conocimiento, si es posible llegando a conclusiones compartidas. El propósito buscado siempre es el de incluir, no el de excluir.

A propósito de esto último, pude entonces disfrutar de escuchar un sencillo relato jasídico, contado por el mismo profesor Báruj Zaidenknop, el maestro de maestros:

Hace muchos años, un Rabino de un pueblo tenía que dilucidar las responsabilidades en una demanda hecha por un judío a otro. El Reb era el juez, y comenzó tomando declaración al demandado, cuyas palabras eran anotadas por su ayudante. Cuando terminó su exposición, el Reb despidió al demandado diciéndole que, dados sus argumentos, le daba la razón a él, pero que antes de fallar estaba obligado a escuchar a la otra parte. Se presentó entonces el demandante con su propio relato de los hechos y motivaciones para la demanda. El Reb/Juez le aseguró también a él que tenía mucha razón, que había hecho muy bien en presentar la demanda. El ayudante del Reb, después de releer las dos alegaciones, escritas por él, no pudo evitar preguntarle: “Disculpe el atrevimiento, Reb Profésor, pero cómo les dio la razón a los dos, cuando usted sabe que tiene que tomar una decisión a favor de uno de ellos, perjudicando al otro”. “¿Sabes qué?”, le respondió el Rebe, “¡También tú tienes razón!”

Fueron dos las conversaciones mantuve con Báruj. Pero no solo dos conversaciones: fueron dos clases, dos inolvidables clases.

Raúl Vinokur


 

(1) Es de público conocimiento que en Buenos Aires se encuentra la mejor pizza del mundo.

(2) Magister en filosofía contemporánea. Profesor superior de pedagogía. Director pedagógico de la Dirección General de Educación Privada del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Miembro no-médico del Comité de Ética de FLENI. Ex Director de ORT Argentina. Profesor de la cátedra de pensamiento judío contemporáneo del Seminario Rabínico Latinoamericano. **(Como es de público conocimiento, la pizza de Buenos Aires es la mejor del mundo).