Reportajes

Entrevista a Mario Sabán en la Opinión de Zamora

La Opinión de Zamora l  José María Sadia  l  17.01.2010.

 

«Es increíble que los zamoranos desconozcan la obra de personajes judíos como Moisés de León».

«No me parece normal que la cultura sefardí apenas se estudie en las escuelas y en los colegios, con el importante influjo que tuvo en nuestro país»

Entregado por entero a la difusión de la cultura hebrea, el profesor argentino Mario Sabán mantiene vivo su origen sefardí en España, donde ha difundido sus obras y ha impulsado la red «Tarbut Sefarad», la mayor en este ámbito en Europa. Ofrece, apasionado, sus conocimientos y su apoyo a los zamoranos que quieran saber más sobre el legado de un pueblo expulsado en 1492 de nuestro país.

-¿Cuántos judíos hay en estos momentos en nuestro país?

-En torno a 30.000. De ellos, unos diez mil han llegado de Francia y de Latinoamérica, especialmente desde Argentina. Están divididos en trece comunidades diferentes y la más cercana a Zamora sería la de Madrid.

-Hubo un barrio judío en Zamora. Háblenos de los detalles más significativos.

-El barrio judío en Zamora estaba en la plaza de Santa Lucía. Hay un sitio que yo no sé si se sigue llamando la «Cueva Árabe», que era la antigua bodega judía, en la que se solía tener el vino casero. Además, la judería se extendió más allá de las murallas de la ciudad, por encima de San Martín. Allí se situaba el paseo de la Ronda, entre el llamado camino de Valorio y San Lázaro. En realidad, la judería más antigua estaba en el centro y se prolongaba hasta el Parador, casi a las espaldas de la Catedral.

-¿Dónde estaban situadas las principales sinagogas?

-Podemos hablar de dos sinagogas. Una de ellas estaba cerca de la plaza de Santa Lucía, bajando el callejón de la Manteca, en la calle Ignacio Gazapo, donde había un taller de soldadura que ocupa el lugar exacto. La segunda estaba radicada en la calle Moreno, en un lugar donde había un arco que daba acceso a la calle Ramos Carrión. Allí, los judíos se beneficiaban del paso de los peregrinos que subían a Compostela por la Ruta de la Plata. En la plaza de Santa Lucía está la cueva y varias casas judías donde, sobre todo, se conservan las bodegas originales.

-¿Qué fue lo más relevante que aportaron a la ciudad?

-Entre otras cosas, se sospecha que colaboraron en la construcción de la muralla. De hecho, hay lienzos en los que se dice que todavía se pueden leer símbolos hebreos. Otro acontecimiento importante fue el concilio provincial que reunió en 1312 a los obispos de la región para dar cumplimiento a las disposiciones del Papa Clemente V. En aquel concilio se decretó la disolución de los templarios y se señalaron disposiciones que tendían a eliminar cualquier posibilidad de paz y los privilegios que hubieran conquistado los judíos.

-Habla de la provincia, ¿dónde estaría el principal núcleo judío fuera de la capital?

-Uno de los focos principales estaría situado en Toro, a espaldas del Ayuntamiento. Allí se conservó un balcón desde el que se hacían las conversiones. Enfrente de ese balcón, hay casas viejas como la bodega del judío, que pudo ser la sinagoga de Toro. El barrio se extiende hasta la Colegiata y el convento de «Sancti Espíritus».

-¿Hubo algún personaje clave relacionado con Zamora?

-Claro, Moisés de León, un personaje que todos los zamoranos deberían conocer y, sin embargo, que no se enseña en las escuelas. Fue el creador del «Zohar», uno de los libros de la mística hebrea más importantes de la historia. Hoy día, en todo el mundo judío, se estudia como una de las claves de la mística. Es lamentable que estuviera en Zamora, en León y las ciudades del entorno, y no se conozca. Habría que hacer algo para que su obra fuera conocida en Zamora. Por eso, ofrecemos la asociación «Tarbut Sefarad» para poder difundir el legado de Moisés de León.

-Ya que lo menciona, ¿cómo surgió «Tarbut Sefarad»?

-Se trata de una organización cultural que tiene como objetivo difundir tanto la cultura medieval como la moderna. La segunda meta consiste en que los sefardíes de todo el mundo, más de tres millones de personas, puedan volver a España y contactar con su origen. Lo interesante es que hay familias que no conocen este país y todavía conservan costumbres heredades de hace más de quinientos años.

-¿Qué importancia tiene esta nueva red?

-Es la más potente sobre cultura judía en Europa. Ningún país tiene tantas representaciones como nosotros, que contamos con 111. El tiempo es muy poco. El primer «tarbut» se fundó hace cuatro años en Lérida y «Tarbut Sefarad» nació hace tres.

-Díganos, ¿todavía está presente el estigma judío?

-Sí. Muchas veces no por intención, pero sí por desconocimiento. En una conferencia, una persona me preguntó que si me podía tocar como si fuera un mito. Yo le dije: «Soy judío y no tengo cuernos ni rabo». Hay que huir de tópicos, como que los judíos matamos a Jesús. Es como si se dijera que los españoles mataron a Lorca, no tiene ningún sentido.

-¿Son reconocibles físicamente los judíos hoy por hoy?

-Los únicos que se podrían reconocer por el atuendo serían los ortodoxos y, en España, prácticamente no hay. Son tradicionalistas o laicos. Es decir, yo voy por la calle y usted no me puede reconocer como judío. Si fuera un ortodoxo, podría ponerme una kipá o un sombrero, pero ya le digo que no es habitual.

-Por cierto, cuéntenos la historia de un argentino judío que viene a España a trabajar por su cultura.

-Yo siempre digo que mi historia no empieza en mi año de nacimiento, en 1966, sino en 1492. Soy descendiente, tanto por mi padre, como por mi madre, de judíos perseguidos por la Inquisición. Se fueron al Imperio Otomano, a Esmirna, donde estuvieron hasta los años veinte. Mi padre mismo nació allí y sigue hablando ladino, el judío español antiguo. Yo me he educado comprando pan español, haciendo la mayonesa de ajo y cuando terminaba la celebración de la Pascua decíamos aquello de «el próximo año en Toledo». Incluso, mi padre cantaba desde niño cantigas sefardíes. Por tanto, me siento un español exiliado quinientos años. Tomé la decisión de irme de Argentina para volver a mi raíz en Sefarad, en España. Aquí proseguí mis investigaciones históricas y teológicas que comencé en Argentina, donde había publicado cuatro libros. Viendo que muchos españoles cristianos están interesados por la cultura judía, fundamos «Tarbut Sefarad».

-¿Por qué es tan desconocida la cultura hebrea?

-Es algo increíble. En 1492, España no tenía ni mil años de cristianismo, pero había ya judíos con más de mil quinientos. Podríamos decir que los judíos en aquel momento eran más españoles que los propios cristianos. Si no se conoce el judaísmo, no se conoce la religión que siguió Jesús ni María ni los apóstoles. En «El judaísmo de Jesús», que publiqué hace dos años, intento demostrarle a todo cristiano las raíces judías del cristianismo.

-Sin embargo, el interés está ahí…

-Así es, y desde Tarbut Sefarad estamos ofreciendo la posibilidad de conocer la cultura judía y poder pensar que con el tiempo, España puede ser lo que fue hace 500 años en Europa, un centro de la cultura hebrea envidiado por el resto del continente.

Perfil
Argentina, 1966
Mario Sabán es Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Desde hace más de 15 años se dedica a la investigación histórica y teológica sobre los orígenes judíos del cristianismo. Fruto de esos años son algunas de las obras publicadas hasta el momento, como «Raíces judías del cristianismo», «El judaísmo de San Pablo» o «El sábado hebreo en el cristianismo». Sin embargo, es «El judaísmo de Jesús», libro editado en el año 2008, la obra fundamental de su investigación, que será un «verdadero descubrimiento sobre el pensamiento judío del rabino de Nazaret». Su labor, en la actualidad, es incesante en la organización de conferencias y actos encaminados a «deshacer los tópicos que existen sobre nuestro pueblo».

Leer en la web: www.laopiniondezamora.es