Reseñas libros

La historia económica de los judíos

Reseña y comentario del libro Los judíos, el mundo y el dinero. Historia económica del pueblo judío, de Jacques Attali.
Por Raúl Vinokur
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Resulta interesante señalar que los historiadoresque se han ocupado de la historia judía se han dedicado, por lo general, a reflexionar en profundidad sobre casi todos sus aspectos (religiosos, sociales, filosóficos, literarios, políticos) pero con frecuencia han dejado de lado la importancia histórica de los factores económicos. La elogiable singularidad de este libro que hoy comentamos es que su autor, un conocido intelectual francés y sefaradí, nacido en Argelia, elabora un extenso análisis histórico del pueblo judío centrándose, precisamente, en sus aspectos económicos y dinerarios.

Son destacables también las detalladas referencias que Jacques Attali dedica a la experiencia judía en Asia, África y América, información que permite contemplar la dimensión histórica de su papel en la economía a una escala prácticamente  mundial.

Attali nos describe la repercusión social del desempeño económico práctico y cotidiano de los judíos a lo largo de la historia y para ello expone los factores internos y externos que incidieron en esa evolución.

Los aspectos internos encuentran su origen en los preceptos religiosos bíblicos que valoran positivamente la riqueza y la prosperidad personal, las cuales también han de contribuir a la  prosperidad general.

En unos siglos en los cuales predominaba el  analfabetismo, influencia ejercida por  la herencia religiosa y cultural judía, transmitida desde la antigüedad de  generación en generación, impactó en no poca medida en facilitar la intermediación judía. De igual modo, estimuló el surgimiento de personajes relevantes en distintos campos del conocimiento y de la política, incluida la existencia de numerosos émulos de José, el visir hebreo del faraón, citándose en el libro ejemplos de ello en todas las latitudes y en todas las épocas.

Otro aspecto fundamental que posibilitó el papel de intermediarios por parte de los judíos fue el dominio de varios idiomas, así como el de disponer de contactos confiables, tanto por afinidad religiosa como por relaciones de parentesco, en sitios geográficamente alejados de su lugar de residencia. Estos contactos podían generar  intercambios comerciales fructíferos en épocas de tolerancia y también podían servir para facilitar ser acogidos en refugios alternativos cuando llegaban las persecuciones y las expulsiones.

En líneas generales, el peligro cierto y constante, aun en momentos de bonanza, obró seguramente como acicate para que muchos individuos asumieran riesgos elevados, en terrenos en que los no judíos no podían o no deseaban introducirse.

Un papel determinante, ya en el terreno específicamente económico, fue la aceptación del préstamo con interés, que la religión prohibía en un principio entre israelitas (aunque fue admitido con el correr del tiempo). De este modo, los no judíos, a los cuales su religión vedaba formalmente tal práctica, recurrían a los judíos como fuente de crédito.

El autor explica que, durante siglos, se llamó usura a todo crédito, independientemente de la tasa de interés acordada. Más aun, señala que hubo tiempos en que la misma venta, que es decir recibir dinero a cambio de una mercancía, también se consideraba usura. Prácticamente, lo era la sola utilización de dinero en acuerdos entre particulares. Distinta consideración merecía el dinero cuando quienes lo recibían eran las autoridades  locales (en forma de recaudación) o el poder eclesiástico (donativos y herencias).

Otros factores de importancia fueron:

  • La prohibición frecuente de poseer y trabajar la tierra.
  • La imposibilidad de ejercer variadas profesiones, solo accesibles a miembros decofradías.
  • La reclusión en zonas geográficas delimitadas y guetos.
  • La obligatoriedad, impuesta en numerosas ocasiones, de llevar ropas o distintivos que  los diferenciaran del resto de la población.
  • La pérdida de vidas ocasionada por las persecuciones, los ataques directos  y las expulsiones.
  • Las pérdidas patrimoniales por confiscaciones, robos y saqueos en general.

El ambiente de hostilidad generado por el entorno propició  que, aquellos que disponían de alguna riqueza, prefirieran atesorarla en valores móviles, siempre transportables en caso de peligro. Al principio oro y plata en formas variadas, luego el dinero monetario y más tarde la letra de cambio respondieron a esas expectativas.

De todos modos, si bien la mayor parte de la población judía mitigaba su habitual pobreza dedicándose a oficios de supervivencia, esa condición de pobre no significaba una inevitable condena individual de por vida, dado el reconocimiento meritocrático del que disfrutaban quienes lograban destacar, tanto en lo intelectual —prácticamente no había analfabetos masculinos—como en lo económico y social.

La situación de pobreza generalizada comenzó a mejorar sensiblemente en parte de Europa a partir de su homologación legal como ciudadanos con todos sus derechos, entre los siglos XVIII y XIX y, a gran escala, a partir de la masiva inmigración judía a EE. UU., la llamada por entonces ‘segunda tierra prometida’, entre mediados del siglo XIX y principios del XX.

Seguidamente, el autor describe la relación de empresas de origen judío, en especial las financieras, con relevantes procesos y eventos de todo orden durante el siglo XX. Para finalizar, Attali esboza hipotéticos escenarios futuros para el judaísmo en base a consideraciones propias, tomando como referencia información estadística acerca  de la evolución de la población judía mundial en las últimas décadas.

Resistiendo las adversidades que tarde o temprano se presentaban allí donde se aposentaran, los judíos consiguieron mantener su unidad religiosa y cultural lo largo de milenios. De este modo, mediante su fe en Dios, su obediencia a la Torá y su permanente debate interno, talmúdico y postalmúdico, el pueblo judío no hizo más que privilegiar, en medio de las persecuciones, valores suyos tradicionales. Entre otros la ya citada meritocracia, el afán de conocimiento, la discusión razonada, la preferencia por los acuerdos voluntarios, la protección de los desvalidos, el favorecimiento del entorno social y, como corolario de todos  ellos, el valor de la paz.

Después de leer y releer la profusa información que brinda esta gran obra de divulgación, y si estamos de acuerdo con el escocés Adam Ferguson, quien dejó escrito a finales del s. XVIII que “la historia es el resultado de la acción humana, pero no del diseño intencionado de los hombres”, resultará apropiado valorar las implicancias de la religión, la ética y la conducta judías en su contribución al desarrollo de las libertades individuales y al progreso económico de de la humanidad.

  • Attali, Jacques (2005). Los judíos, el mundo y el dinero. Historia económica del pueblo judío. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 554 p.