Reseñas libros

Historia (atea) de la tierra de Israel

Reseña y comentario del libro La Tierra de Canaán, de Isaac Asimov.
Por Raúl Vinokur.
Hablar de Isaac Asimov (1920-1992), de padres Judah Asimov y Anna Rachel, es referirnos a un prototipo relevante entre los descendientes del Pueblo del Libro. Autor de alrededor de quinientas obras publicadas, estamos ante uno de los escritores más prolíficos de la historia universal, si no el que más. Escribió desde sus comienzos novelas de ciencia-ficción, muchas de ellas señeras e inolvidables para quien las haya disfrutado, como los disfrutó el autor de esta reseña. En etapas posteriores de su vida abandonó la docencia universitaria y se dedicó con prodigalidad —escribiendo ocho horas diarias, los siete días de la semana— a la divulgación científica e histórica.

 

Dueño de una prosa ágil, rigurosa y alejada de pomposas erudiciones, trató acerca de temas hasta entonces habitualmente alejados del gran público, logrando una difusión masiva de sus trabajos.

En el libro que hoy comentamos, y más allá de la pública convicción atea que expresó nuestro autor en numerosas ocasiones, éste reconoce en la práctica la imposibilidad de tratar la historia de Canaán sin recurrir a la fuente principal de información, no precisamente exenta de características religiosas: la Biblia.

Así es desde que el mismo Asimov, quien en las primeras páginas del libro describe a los relatos bíblicos como ‘cuentos’, no hace más que apoyarse en ellos y escudriñar en los matices de sus historias y de sus protagonistas a lo largo de casi todos los capítulos. Resulta evidente, en consecuencia, que no hay modo de historiar el antiguo Israel sin acudir a los escritos bíblicos, siquiera en una severa aproximación crítica, como lo es en este caso.

En pocas palabras, La Tierra de Canaán es una valiosa historia atea del Israel bíblico. Una historia correctamente relatada, así como enmarcada en las crónicas de los demás pueblos e imperios que habitaron o conquistaron la región a lo largo de un extenso período histórico. Cuestiones todas estas que Asimov describe con su habitual amenidad, insertando referencias arqueológicas e históricas extra bíblicas y acompañándose de ilustrativos mapas de época.

En el primer capítulo del libro el autor explica didácticamente la evolución de hábitos de convivencia y procesos de producción que se sucedieron, en toda la zona del Creciente Fértil, durante el período Neolítico: agricultura, urbanización, alfarería, manipulación de metales, comercio, construcción, transportes, religiones, alfabetos, etc.

Respecto a Abraham, interpreta que su verdadera procedencia de origen fue Harán y no Ur, considerando a esta última una inclusión posterior de los judíos exiliados en Babilonia, un milenio más tarde, interesados en resaltar el origen caldeo del patriarca.

Destaca que es en el marco geográfico/cultural cananeo donde se crea la primera escritura fonética. Con una reducida lista de signos que expresan sonidos en lugar de pictogramas se pudieron simplificar, a partir de entonces, los registros escritos y su lectura. Una decisiva creación semita tomada por los griegos, quienes añadieron las vocales, y replicada sucesivamente por el latín y el resto de idiomas europeos.

Ahora bien si, tal como afirma Asimov, los filisteos —antiguos ‘Pueblos del Mar’, de origen griego/cretense—, adoptaron en su momento la lengua hebrea, no resultará aventurado suponer que los israelitas tuvieron una cierta influencia en la conformación de la lengua escrita de los griegos.

Ciertas afirmaciones de Asimov pueden llamar la atención desde el punto de vista de la tradición historiográfica. Por ejemplo, cuando menciona la condición de tribus hebreas de Moab, Edom y Amón, dado que la tradición los consideraba también descendientes de Abraham, ‘el hebreo’; pero no israelitas, porque no descendían de Jacob/Israel.

Además, Asimov incrementa su vértigo interpretativo cuando alude a los enfrentamientos frecuentes entre las mismas tribus de Israel o entre los reinos de Judea e Israel, en este último caso, dice, como judíos enfrentados a israelitas.

Destaca la geografía de Canaán como ‘cocina’ de las religiones monoteístas de matriz judía: el mismo judaísmo, el cristianismo (después de sus inicios como secta judía) y el islam.

También dedica una especial atención a la historia de la colonia fenicia de Cartago, devenida en potencia mediterránea, dada la procedencia cananea de su cultura de origen.

Asimov tal vez sobrevalora la incidencia de Canaán, a pesar que sea poco más que una descripción geográfica del pasado para el estudio de historiadores, sin que en su momento hubiera suscitado identificaciones tribales, religiosas o nacionales entre sus protagonistas.

En todo caso, en este libro se ofrece una documentada visión sobre los eventos históricos sucedidos en una región y en unos siglos que marcaron hondamente el destino de la humanidad.

 

  • Asimov, Isaac (1980). La Tierra de Canaán. Madrid. Alianza Ed., 299 p.