Reseñas libros

Los judíos en la modernidad europea

Reseña y comentario del libro Los judíos en la modernidad europea. Experiencia de la violencia y utopía, de Victor Karady.
Por Raúl Vinokur.

Victor Karady es profesor, sociólogo e historiador húngaro-francés de dilatada experiencia, con numerosos trabajos publicados en torno a la historia de Europa de los últimos siglos. En esta obra analiza la incidencia del factor judío en la historia moderna del  continente, desde finales del medioevo hasta el presente. El libro conjuga la evolución histórica de los judíos en el entorno europeo. Es decir, de cómo se manifestaba el inestable equilibrio entre la voluntad de preservación de su identidad, frente a los condicionamientos y amenazas provenientes de las sociedades de acogida.

Para ello, el autor recurre a los datos demográficos disponibles —población, natalidad, mortalidad, educación, movilidad, etc. — en el marco del análisis interno de las distintas comunidades judías en Europa.

Desde el principio destaca cómo —desde los comienzos de la modernidad—la actividad intelectual judía produjo diversas consecuencias, gracias a una alfabetización prácticamente generalizada. En medio de sociedades casi absolutamente analfabetas, cuando no ágrafas, la actividad intelectual judía de lectura, interpretación y frecuente discusión llevaba a valorar positivamente al erudito y al sabio.

Nota personal: el paradigma cristiano del héroe santo o guerrero (o ambos a la vez) difícilmente podía haber sido un paradigma judío, un pueblo casi siempre minoritario que condicionaba su propia identidad y  supervivencia a los acuerdos pacíficos con el entorno.

Ese desarrollo intelectual, sumado a las restricciones a las que eran sometidos respecto a oficios y residencias, llevó a los judíos a ocupar preferentemente  funciones de intermediación infravaloradas, o directamente vedadas por parte de los cristianos. Esas funciones de intermediación, sin embargo,  incrementaban la animadversión creciente del entorno cristiano hasta llegar a picos de violencia en diversos grados, según los casos.

El autor define como ‘protoburguesa’ la organización interna de los judíos, dada la preeminencia interna de la meritocracia, tanto intelectual como económica. Demuestra así cómo la sociedad estamental europea de siervos y señores contrastaba claramente con la judía, en la que se valoraba el éxito personal, independientemente del origen de la persona.

La misma condición ‘protoburguesa’ de la dinámica interna judía posibilitó que éstos tuvieran un papel significativo en el profundo proceso de transformación social que implicó la desaparición progresiva de la sociedad feudal.

En ese papel coadyuvó el hecho urbano, ya que fue la ciudad donde mayormente se solía concentrar la población judía, y el ámbito por excelencia en el que se plasmaron la modernidad y la nueva sociedad burguesa.

Desde el siglo XVII en adelante, se abrió otro capítulo en la historia judía, el de la asimilación. A pesar de que Karady no menciona esta circunstancia, si acordamos que la salida del gueto es el primer paso hacia la asimilación, podríamos afirmar que los precursores modernos de tal fenómeno fueron los sefaradim.

Ellos, que ya habían vivido como judíos fuera de los guetos en Sefarad, y que recuperaron parcialmente  su judaísmo una vez expulsados de la península ibérica, se radicaron en varios países europeos, donde se implicaron en gran medida en el progreso de sus respectivas sociedades, especialmente en Holanda y en Inglaterra.

A grandes rasgos, se puede acordar que la asimilación fue la contrapartida judía frente a los procesos de secularización parcial de algunos países europeos.

Por esta razón fue distinta la evolución histórica del movimiento asimilatorio, según qué partes de Europa se tratase: la occidental, la central o la oriental, en función de las distintas características e iniciativas de los respectivos entornos sociales y políticos.

No solo eran distintas las sociedades circundantes, sino que también las dirigencias judías respondían de manera diferenciada a los desafíos que se presentaban: unos estaban por la asimilación individual a la nación donde residían, otros por el mantenimiento del gueto y otros por una autonomía colectiva de carácter cultural, en unos casos, o nacional, en otros.

El antisemitismo que se potenció, a partir del siglo XIX, tanto en Francia como en países del centro y el este de Europa, con creación de partidos políticos y asociaciones expresamente antisemitas, produjo situaciones y efectos que el autor no deja de remarcar.

Persecuciones, progromos, asesinatos en masa, servicio militar prolongado, separación de familias, prohibición de acceso al funcionariado, etc., como medidas destinadas a destruir y a diluir la identidad judía. También masacres toleradas por los gobiernos, especialmente en Europa Oriental, que provocaron la huida masiva hacia occidente y el surgimiento del sionismo político.

La imposición de cupos en altos estudios para los estudiantes judíos —númerus clausus— determinó un efecto no buscado, que los pocos que llegaban descollaran ampliamente respecto del estudiantado cristiano, el cual no se veía condicionado por ningún tipo de competencia y que, frecuentemente, ingresaba en la universidad en función de consideraciones no académicas.

Sin embargo, una vez finalizados sus estudios, era notable el paro de los licenciados judíos en comparación con el de los cristianos. Esta realidad fue un factor adicional, en un marco de judeofobia generalizada, que incidió en la emigración judía hacia el oeste, en busca de mejores oportunidades.

No es de extrañar, después de todo el proceso histórico vivido durante los últimos siglos, que el colofón europeo para los judíos fuera el de la Shoá. Consecuentemente, no  llama la atención que los nazis encontraran eficaces colaboradores en los países que conquistaban, con algunas honorables excepciones.

Hitler fue derrotado. Sin embargo, tal vez debido a lo incierto del resultado final, los generales aliados concentraron la capacidad de combate en los frentes de batalla, dejando que los nazis ‘malgastaran’ irracionalmente tiempo y recursos, desde un punto de vista estrictamente militar, con su obsesión de la ‘solución final’. En otras palabras, difícilmente se podrá concluir algún día si es que los aliados se arriesgaban a perder la 2GM de haberse bombardeado vías de acceso, campos de concentración  y  hornos crematorios.

Karady menciona los esfuerzos de los sionistas para sacar judíos de Europa con algunos pocos éxitos parciales, que infortunadamente no pudieron contrarrestar la tragedia mayor.

El autor describe los dos efectos unificadores en el mundo judío después de 1945 y una vez consumada la desaparición física de la tercera parte de sus integrantes: el recuerdo vivo de la Shoá y la proclamación del estado de Israel. Son dos hitos insoslayables para la inmensa mayoría de los judíos, independientemente de la perspectiva individual con que se aborde la cuestión: ortodoxa, reformista, laica, asimilada, sionista o no sionista, de izquierda, de derecha, etc.

Curiosamente, una opción reactiva, ampliamente recurrida históricamente hasta la década del 30’ del siglo pasado, la de la conversión a la fe cristiana, prácticamente ha desaparecido de las estadísticas. ¿Habrá llegado en este siglo XXI la hora de émulos de Ruth la moabita — antepasada directa del rey David— que se convirtió al judaísmo de corazón y sin necesidad de tribunales examinadores?

La Shoá e Israel, sin embargo, no han sido insoslayables solo para los judíos. Tanto los sistemas políticos occidentales como las distintas confesiones cristianas también han comenzado un proceso de revisión, de dogmas, leyes y pautas de conductas frente al hecho judío, a partir de tales hitos.

El autor se refiere por último a los judíos de la órbita soviética como a "los rehenes de la Guerra Fria", describiendo su evolución hasta el presente.

Después de leer este libro, con su cuidada descripción de un proceso de siglos, la Europa de la que hablamos, hoy garante de las  libertades, por y a pesar de su historia: ¿Habrá aprendido la lección? Por el bien de la humanidad, es deseable que así sea.

  • Karady, Victor (2000): Los judíos en la modernidad europea,Experiencia de la violencia y utopía. Madrid, Siglo XXI, 316 p.