Reseñas libros

Comentario del libro "SOD 22 El Secreto" de Mario Javier Sabán

Comentario de Raúl Vinokur (TARBUT BARCELONA)  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

La tradición judía establece cuatro abordajes para la lectura e interpretación de la Torá, cuyas respectivas iniciales conforman el acrónimo Pardés (jardín): el Peshat -literalidad del texto-, el Remez -lectura simbólica-, el Derash -enseñanza a través de los relatos y midrashim- y el Sod -interpretación mística de la Torá-.
Al último aspecto citado, el del Sod o Secreto, se refiere el título de este libro, y es esta interpretación de lo que se ocupa la Cábala: es decir, de tratar de desentrañar el mensaje más oculto de la Torá. Aun así, se comprenderá que el estudio del nivel de Sod no puede prescindir del conocimiento de los otros tres. En este sentido, Mario Sabán explica a lo largo del libro de qué manera están inseparablemente unidos los conceptos religiosos y
culturales judíos con la filosofía de la Cábala. Además, clarifica algunas concepciones específicamente judías desarrolladas por la Cábala y que, en no pocos casos, son producto de confusas interpretaciones. En esta breve nota citaré dos ejemplos de ello.


El primero se refiere a la extendida idea acerca de una supuesta superioridad de la práctica espiritual por encima de la referida a la materia. Dice el autor: “...no existe espiritualidad judía desvinculada del mundo material. Es más, nuestra espiritualidad solamente puede ser manifestada en el campo de la materia” (p54).
Otro malentendido se produce cuando, al definir el Árbol de la Vida y las diez sefirot o emanaciones como manifestaciones de la divinidad, se piensa que podemos estar definiendo a Dios, al Infinito.


“Y añadió [el Señor]: No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir” (Éxodo 33:20). Es convicción básica en el judaísmo y en la Cábala que, siendo deseable el trabajo de aproximarse al Ein-Sof (Infinito), resulta menester saber que no está a disposición del ser humano -ser finito- percibir la esencia divina. Apunta Mario Sabán al respecto que “...nuestras definiciones de las dimensiones [sefirot] provienen en general de las manifestaciones que esas dimensiones tienen en la dimensión de la realidad...”(p61). Son, en suma, percepciones humanas de las emanaciones divinas.


En Génesis 28:12 la Torá nos relata el sueño de Jacob, en el que unos ángeles subían y bajaban por una escalera entre la tierra y el cielo. Podemos tomar al Árbol de la Vida como un símil de ello, una suerte de mapa universal en donde cada una de las sefirot representaría cada peldaño de la escalera: éstas son Kéter- reino, Jojmá-sabiduría, Biná-entendimiento, Jesed-misericordia, Guevurá-fuerza, Tiferet-armonía, Netzaj-victoria, Hod-gloria, Yesod-fundamento, Maljut-reino.

Tal como ocurre en aquel sueño bíblico, y si aspiramos a recorrer el camino al conocimiento del Eterno, deberemos partir de nuestro suelo, de la realidad material inmediata, que es Maljut. Y es a Maljut, que es nuestro reino en la tierra, adonde debemos descender una y otra vez desde los 'peldaños' superiores -enriquecidos con la experiencia del ascenso- para volver a ascender nuevamente a otro nivel superior. La condición para crecer es el de plasmar ese crecimiento en el mundo material, en el de nuestra vida cotidiana. Podemos leer (p235) que “Toda persona que ingresa al mundo del misticismo
judío debe tener conciencia de que cada elemento incorporado a su personalidad, si está incorporado de forma sólida, constituye una herramienta que ya nadie podrá destruir”.


Se explica en el libro como cada sefirá responde también a un aspecto psicológico de nuestra personalidad y de nuestra esencia como seres humanos. Así, el viaje cabalístico consistirá en transitar desde los estratos más ligados a la materia, cercanos a Maljut, para ascender luego a manifestaciones cada vez más sutiles y alejadas de lo material, del ego, y por ello más cercanas al Ein-Sof, al Infinito. Eso sí: para mantener la sobriedad en la vida cotidiana, y aun llegando a las sefirot más cercanas a Dios, como Biná (entendimiento), Jojmá (sabiduría)y Kéter (corona) permaneceremos siempre -como en la escalera de Jacob- conectados a tierra, a Maljut.


SOD 22 brinda elementos necesarios para aproximarnos al mundo de la mística judía, la Cábala. De todos modos, su traducción y subtítulo -El Secreto- no alude a la revelación de fórmula mágica alguna en sus páginas. Aquello que sí encontraremos en ellas es una abundante información que nos podrá aportar claridad de pensamiento. Más aún, puede ayudarnos a entender y a decidir correctamente, sin que su lectura nos exceptúe del imprescindible trabajo posterior, aplicando la conocida 'fórmula' universal: (voluntad + perseverancia ) / tiempo.

 

SOD 22 El Secreto - de Mario Sabán (2011), Buenos Aires.