Apostamos por llevar las actividades allá donde están los amigos de la cultura judía. Por eso nos gustan las giras: son itinerarios culturales que nos permiten llevar una misma actividad a varias ciudades de la red Tarbut Sefarad.

Segura en América

"¿La crónica? En realidad no sé por donde empezar..."

 Por Miquel Segura.
Tengo que escribir una crónica-resumen sobre mi gira sudamericana y, la verdad, no sé por donde empezar. Me he pasado la vida contando experiencias -propias y ajenas- pero la de mi reciente viaje por Argentina, Chile y Uruguay supera mis posibilidades. No quiero convertir esta historia en una sucesión encadenada de pequeñas crónicas, la referencia más o menos exacta de cada una de las conferencias y presentaciones que se produjeron a lo largo de tres semanas. Tampoco quiero apelar al recurso de la referencia detallada de los nombres de todas aquellas personas que nos han acogido con el mejor cariño del mundo: sé que me dejaría alguno y que ello sería imperdonable.

En fin, creo que voy a hacer lo único que sé: dejar que mis recuerdos y vivencias broten espontáneos y cálidos. Sera, seguramente, en detrimento del rigor, pero quizá consiga revivir el ambiente emocionado que -pese a muchas dificultades- me hizo sentir que estaba vivo y que mi sueño se estaba cumpliendo.

Fui a Sudamérica para presentar un libro que no es un estudio, ni un ensayo, sino un testimonio. Pero tuve la osadía de añadir una reivindicación personal y absolutamente intransferible: recuperar la identidad chueta, reconciliarte con tus raíces, puede ser tarea baldía si no conlleva la vuelta al Pueblo Judío. Ese es el mensaje revolucionario que asombró y emocionó a cientos de personas -la mayoría judíos, incluso algunos chuetas- que con su aceptación y entusiasmo corroboraron mi personal planteamiento.
                                                

Buenos Aires, mon amour

Buenos Aires, una ciudad que amo y por la que sufro debido a su creciente degradación, nos acogió con los brazos abiertos. Lionel Banin, vicepresidente de Tarbut en la ciudad porteña, fue un anfitrión admirable. Yo esperaba encontrarme con un señor adusto, de rígido porte y severa formalidad. Pero quien me aguardaba era un chaval de 16 años de rostro dulce y sonrisa tímida. Un muchacho judío de una erudición formidable para su edad. Lionel se convirtió en nuestro “introductor” y las conversaciones que mantuvimos con él fueron uno de los impagables regalos de este viaje.

La primera presentación, que tuvo lugar en el Seminario Rabínico Marshal T.Meyer, empezó con casi 40 minutos de retraso. No habíamos calculado bien el tiempo ni las enormes distancias de Buenos Aires y, pese al denodado esfuerzo de David Saban, no pudimos llegar a tiempo. Sorprendentemente, encontramos un auditorio repleto de un público gentil y educado, que nos esperaba pacientemente. Fue, también, la primera revelación de que esa gira no iba a ser como la que realizamos en España el año pasado. El interés por el tema y la casi devoción por mi persona -que me abrumaba, tal como le confesé a Margalida, mi esposa y acompañante- no tienen parangón. Esta presentación, como todas las otras, contó con un público nutrido y culto, que escuchaba mis explicaciones con un interés fuera de lo normal.  

En el CIDICEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí) me sentí como en mi casa. La primera gran sorpresa fue comprobar que en aquella sede -donde se mostraba la exposición sobre Maimónides que Mario Sabán traerá próximamente a España- todo el mundo me conocía. De pronto, nombres que solamente conocía a través de Internet adquirieron rostros humanos. Allí me reencontré con Rajel Amado, la judía sefardí que un día de marzo de 2008 nos había emocionado en Palma con sus relatos. Pocas veces me había sentido tan bien acogido como en aquella casa, donde Mario Cohen, que por aquellos días andaba preparando el Simposio, nos hizo sentir que formábamos parte de una gran familia.

Una mañana se presentó en el hotel un periodista judío. Quería entrevistarme para “Radio Buenos Aires”, y también para “Radio Sefarad”. Rodolfo José Kligman realizó una serie de entrevistas que se proponía incluir en su programa dominical dedicado a temas judíos. El primero de aquellos programas tuvo un efecto inesperado: lo escuchó el Gran Rabino de Argentina, Sholomo Ben Amú, quien manifestó enseguida su interés por conocerme personalmente y por adquirir el libro. La casualidad quiso que nos encontráramos en el acto de descubrimiento de una placa en recuerdo de Salomón Ben Gabilón, un poeta judío que vivió en la España del siglo XI. El gran rabino, al apercibirse de mi presencia, se acercó y me besó con ternura. “En unos momentos -me dijo- en los que muchos judíos tienen a gala el querer dejar de serlo, su testimonio es un ejemplo maravilloso”. “Usted es judío -aseveró- y nada ni nadie puede cambiar esta realidad”.

Pero no adelantemos acontecimientos. Justo será dedicar unas lineas al Simposio del CIDICEF, en el que yo presenté una ponencia dedicada al tema de los chuetas. Era, aquel, un foro de gran calidad humana e intelectual. Personalmente, me maravilló la disertación de Bernardo Ezequiel Koremblit, un judío argentino de 93 años de edad, escritor y ensayista. Sus palabras de agradecimiento a un pequeño homenaje que se le rindió por su trayectoria fueron las de un maestro, un artesano de la lengua dotado de ese sentido de la ironía que es inherente a los judíos. “Lo peor que tiene el presente es el porvenir” -aseguró- para aseverar a continuación que “importa más creer en Dios que saber si Dios existe”. La disertación de Koremblit fue un privilegio y una lección para todos los que estábamos en la Universidad Maimónides pensando que nuestra intervención podía ser de algún interés para el auditorio.

En realidad, toda mi gira fue una cadena de privilegios. ¿Quién me iba a decir a mi que un día seria invitado a hablar en AMIA, la institución judío-argentina que fue volada en 1994 por la barbarie islamista? Gocé de esta gracia no una, sino tres veces, pues tras mi primera charla algunos asociados manifestaron su interés por escucharme y, con renovado gusto, tuve que volver. Se dio la circunstancia de que el presentador de mi libro en AMIA fue el doctor en Historia don Mariano Eloy Rodriguez Otero, cuyo doctorado, conseguido en la universidad de Oviedo, versó sobre la figura de Cristobal Cladera Company, un ilustrado nacido en Mallorca y en mi propio pueblo, sa Pobla. Para los judíos, ya lo sabéis, las casualidades no existen.

Hubo muchos otros actos en Argentina que me conmovieron. Por ejemplo, la visita al Museo de la Shoà, que nos sorprendió por su gran interés. La presentación -o conferencia- que cerró la gira bonaerense, justo la noche antes de partir para Montevideo, resultó muy especial. En aquella ocasión no hablé en un foro religioso, sino político y asistencial. La organización Tzavata, en efecto, es una entidad formada por judíos sionistas dependientes muy relacionados con el movimiento israelí de los kibutzim. Marcos Donio, presidente de Tarbut Buenos Aires, fue el anfitrión, junto a su guapa esposa, de aquel acto singular. Estaba en un foro secular y, además, socialista. Sin embargo, experimenté el mayor de los acogimientos. Allí conocí a un veterano luchador de la guerra de la Independencia de Israel, que se abrazó a mi con un cariño extraordinario.

En Tzavata se produjo, además, una anécdota que no puedo dejar de reseñar. Ese día llegamos al salón de actos con cierto adelanto sobre el horario previsto y a la puerta nos encontramos con un señor que nos informó que la conferencia era un “acto arancelado”. Dado que ya soy un poco duro de oído y que no estoy acostumbrado a ciertas expresiones argentinas creí entender que el acto había sido “cancelado”. El hombre nos explicó, pacientemente, que había que pagar  para asistir a la conferencia. Lo hizo con mucho gusto y con sumo regocijo, pensando que si en Mallorca proliferase esta costumbre quizá nos librásemos de muchas presentaciones inútiles. Finalmente, los organizadores se deshicieron en disculpas diciendo que el presentador y sus acompañantes estaban exentos, que de ninguna manera teníamos que pagar la entrada.

Especialmente agradable resultó el almuerzo con el que nos obsequió el Agregado Cultural de la Embajada de España en Argentina. Fue un estupendo detalle que nos hizo sentir la cercanía de nuestro país, que a veces nos parece más lejano desde Mallorca.

Montevideo, la calma

Montevideo nos pareció una ciudad muy pequeña y tranquila, comparada con el  Buenos Aires que habíamos dejado atrás. En la capital de Uruguay nos recibió Priscila Ginovard, la presidente de Tarbut en aquella ciudad, una chica dulce, con una conversación muy culta. En un sábado soleado, con una temperatura estival, nos llevó a conocer el monumento dedicado al Holocausto. Uruguay, nación tolerante y abierta, dedicó hace tiempo un memorial a los judíos asesinados por los nazis, Se trata de un espléndido espacio, frente al Río de la Plata, que en lineas generales está siendo respetado. Un ejemplo para ciudades como Palma, dónde todavía hoy hemos sido incapaces de dedicar un memorial a los chuetas asesinados por la Inquisición.
En Montevideo mantuve contactos con la Comunidad Sefardí -que tiene una impresionante sinagoga construida en 1956 y hoy prácticamente en desuso- e impartí una conferencia en la Universidad ORT, considerara como una de las 15 más importantes del mundo. ORT es una organización judía de tipo asistencial y docente que fue fundada en la Rusia de los zares y que hoy está esparcida por todo el mundo. En la Universidad que tienen en Montevideo hablé en un aula magnífica, ante un auditorio tan nutrido como selecto. Allí conté con la presencia de Eugenia Menéndez Reyes, consejera cultural de la embajada de España. Al día siguiente tuve una de las mejores experiencias del viaje: pude hablar a un nutrido grupo de jóvenes de Hillel -otra organización judía a nivel mundial- quienes, en contra de lo que yo esperaba, siguieron con interés – e incluso con un punto de crítica- mis explicaciones. Cabe decir que a estas alturas de la gira los libros ya se habían agotado y que los asistentes a las distintas charlas sólo podían ver -y a veces tocar- un ejemplar que habíamos reservado para muestra.

Emoción incontenible en Santiago de Chile

La presentación del libro "Raíces chuetas, alas judías" en el Centro de Estudios Judaicos de Santiago de Chile fue, si cabe, la más numerosa y exitosa de toda la gira . En un bellísimo salón de actos de la sede de B'nai Brith y ante un numeroso auditorio -los encargados tuvieron que habilitar asientos porque algunos asistentes tenían que quedarse de pié, Segura conté con voz ronca -no tanto por la emoción como por el catarro que por aquellos días venía arrastrando- mi experiencia como chueta y mi larga trayectoria hacia las puertas de Sion.

Previamente, había sido presentado por Ana María Adler, directora del mencionado centro, quién hizo una semblanza del escritor mallorquín. Cuando finalizó mi larga alocución, estalló una sonora y prolongada salva de aplausos La mayoría de los asistentes tenían los ojos humedecidos por la emoción. Como colofón, la señora Adler me entregó un certificado según el cual, B'nai Brith sembrará cuatro árboles en la tierra de Israel, como testimonio de la irrefutable pertenencia del periodista mallorquín al Pueblo Judío.

Posteriormente, se sirvieron café y jugos de frutas, lo que contribuyó a alargar el acto hasta pasadas las 11 de la noche. Para mi fue una noche plagada de emociones, puesto que entre los asistentes pudo ver y abrazar al rabino Elisha Salas, con quién había compartido momentos inolvidables en Barcelona y Oporto. Ambos nos fundimos en un abrazo y nos prometimos  mutuamente que nuestro próximo encuentro, si D-os lo permite, será ya en Eretz Israel.