Arte

Mark Rothko, un pintor

Por Santiago Raigorodsky.
Existen personas cuyas vidas podrían ilustrarse con una línea recta. Todo en ella transcurre con una absoluta normalidad, como si se tratara de un arroyo de cristalinas aguas que discurren lentamente, sin encontrar en su cauce ni remolinos, ni saltos abruptos, ni ningún obstáculo, hasta desembocar mansamente en el mar donde se funden en él y se pierden en su inmensidad. Otras, contrariamente, viven una existencia plena de vicisitudes, las aguas de esta vida se asemejan a un río turbio que arrastran toda suerte de sedimentos y encuentran a su paso todo tipo de contratiempos, aguas caudalosas, exuberantes, llena de rápidos, remolinos, saltos, bifurcaciones, unos pocos remansos de paz y un impulso terrible que las lleva al mismo mar que el arroyo anterior, pero esta vez se trata de un mar embravecido, que aunque infinito es feroz, angustiante y profundo.

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