Arte

Jacques Lipchitz, la vida de un escultor

Por Santiago Raigorodsky.
Pocas veces la introducción de un escrito sobre la vida y obra de un artista sea tan clara y explícita como en estas palabras del propio artista: “Ya ve – decía Lipchitz en una conversación con el crítico Cranston Jones, emitida en 1958- llevo casi cincuenta años siendo escultor profesional , casi medio siglo. Y me he estado preguntando ¿qué es el arte? Es una energía tan poderosa, ¿qué es lo que me la da? ¿Qué me impulsa a hacer arte? Y hallé la respuesta. No sé si es la verdadera respuesta, pero para mí lo es. Es una especie de deseo de luchar contra la muerte.

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Sobre arte, pintura y pintores judíos

Por Santiago Raigorodsky.
Hablar de arte judío no es tarea simple, porque hablar de arte judío significa sumergirnos en un pasado remoto. Hablar de las raíces profundas de este arte significa abrir un largo paréntesis y pasar revista a la historia entera del pueblo judío, a su filosofía, a sus vivencias, a sus creencias, en fin, a su cultura toda. Y es compleja la historia judía por lo atípico de la misma. Prácticamente, desde el comienzo de la misma, ya sea porque su territorio había sido conquistado o se habían visto expulsados de aquellos lugares donde vivían, los judíos siempre se han visto inmersos e influenciados por las culturas de otros pueblos.

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La pintura y la escultura en Israel

Por Santiago Raigorodsky.
Sin pretender señalar que todo el arte judío de hoy  es producido en Israel, sí podemos decir que la estructura central de lo que así podemos definir,  se desarrolla en este pequeño país de alrededor de 20.000 Km.2 (mucho mas pequeño que Cataluña). Y hago esta salvedad,  pues considero que la pintura y la escultura en Israel son herederas,  no solo de su  corta tradición, sino que están  influenciadas por los primeros artistas llegados a ese país y por todas las corrientes plásticas imperantes en el mundo.

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Mark Rothko, un pintor

Por Santiago Raigorodsky.
Existen personas cuyas vidas podrían ilustrarse con una línea recta. Todo en ella transcurre con una absoluta normalidad, como si se tratara de un arroyo de cristalinas aguas que discurren lentamente, sin encontrar en su cauce ni remolinos, ni saltos abruptos, ni ningún obstáculo, hasta desembocar mansamente en el mar donde se funden en él y se pierden en su inmensidad. Otras, contrariamente, viven una existencia plena de vicisitudes, las aguas de esta vida se asemejan a un río turbio que arrastran toda suerte de sedimentos y encuentran a su paso todo tipo de contratiempos, aguas caudalosas, exuberantes, llena de rápidos, remolinos, saltos, bifurcaciones, unos pocos remansos de paz y un impulso terrible que las lleva al mismo mar que el arroyo anterior, pero esta vez se trata de un mar embravecido, que aunque infinito es feroz, angustiante y profundo.

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