Arte

Mark Rothko, un pintor

Por Santiago Raigorodsky.
Existen personas cuyas vidas podrían ilustrarse con una línea recta. Todo en ella transcurre con una absoluta normalidad, como si se tratara de un arroyo de cristalinas aguas que discurren lentamente, sin encontrar en su cauce ni remolinos, ni saltos abruptos, ni ningún obstáculo, hasta desembocar mansamente en el mar donde se funden en él y se pierden en su inmensidad. Otras, contrariamente, viven una existencia plena de vicisitudes, las aguas de esta vida se asemejan a un río turbio que arrastran toda suerte de sedimentos y encuentran a su paso todo tipo de contratiempos, aguas caudalosas, exuberantes, llena de rápidos, remolinos, saltos, bifurcaciones, unos pocos remansos de paz y un impulso terrible que las lleva al mismo mar que el arroyo anterior, pero esta vez se trata de un mar embravecido, que aunque infinito es feroz, angustiante y profundo.

La vida de Mark Rothko la imagino como este río. Un Rothko pintor de cuya vida y obra trataremos de conocer algunos detalles. Y como todas las vidas, esta tiene un principio.

Marcus Rothkovich, que así se llamaba al nacer, lo hace un 26 de setiembre de 1903 en Dvinsk, la ciudad mas grande de la entonces provincia rusa de Vitebsk. Hoy Rothkovich hubiera nacido en Daugavpils, una de las más importantes ciudades de Letonia. La suya era una familia judía tradicional y con ese criterio se había educado a sus tres hermanos mayores. Sus padres fueron Jacob Rothkovich un boticario de sólida formación cultural y Anna Goldin. Marcus fue el cuarto hijo del matrimonio, siendo sus hermanos, bastante mayores que él, Sonia, Moise y Albert.

En aquellos años la Rusia zarista estaba marcada por profundas convulsiones sociales y un creciente antisemitismo que se manifestó repetidamente en violentos progroms. En este clima de violencia e inseguridad los judíos eran culpados como parte de los males que azotaban Rusia. El desastre de la guerra ruso-japonesa y el fuerte descontento popular incentivaba los movimientos revolucionarios a los cuales se integraban muchos judíos. Existían en ese entonces leyes que propugnaban una profunda rusificación para lo cual el ejército zarista incorporaba a sus filas a jóvenes e incluso niños. Esos hechos motivan a su padre, Jacob, a ser un judío mas ligado a la religión, lo que a su vez implica que Marcus reciba, en sus primeros años una formación religiosa. Marcus memoriza oraciones y textos de la Torá, traducciones de textos religiosos, conoce el Talmud y otros estudios judíos.

La niñez de Marcus estuvo impregnada por el miedo. En un pasaje de su vida rememora que “los cosacos se llevaron a los judíos del pueblo hacia los bosques y les hicieron cavar una fosa común...imaginé esa tumba cuadrada tan claramente que no estaba seguro si realmente la masacre había ocurrido durante mi existencia. Siempre estuve atormentado por la imagen de esa tumba, y que de alguna manera profunda estaba encerrada mi obra pictórica”. La realidad de estos hechos en la Rusia de aquel entonces es indudable, aunque nadie puede afirmar que Rothko haya vivido esas situaciones personalmente.
Ante esa realidad reinante, su padre decidió emigrar a los Estados Unidos en 1910. En principio Jacob viajó solo y un año después se le unieron sus dos hijos mayores. Se establecieron en Portland, Oregón y recién, en 1913 Marcus, su madre Anna y su hermana Sonia pudieron reunirse al resto de su familia.

Lamentablemente y cuando recién comenzaban una nueva vida, falleció Jacob, víctima de un cáncer de colon, quedando la familia sin recursos económicos. Marcus apenas tenía 10 años. Fueron años que mas tarde Marcus recordaría como tiempos de hambre, en los cuales llegó a repartir periódicos para ayudar la mínima renta familiar y poder pagar sus estudios.

En 1913, Marcus fue inscrito en la escuela Fainling School y pasó, en 1915 a la Shattuck Elementary School. Fue un buen estudiante y se graduó a los 17 años en la Lincoln High School. Su formación fue la convencional de la época y no recibió clases formales de arte.

Pese a su juventud, Marcus era un muchacho de ideas liberales que apoyaba la Revolución Rusa (que se materializó en 1917) y aunque no tuvo filiación política definida, probó ser buen orador cuando se convirtió en miembro de la comunidad judía. También defendía entonces los derechos de los trabajadores y de las mujeres. Se aficionó como pasatiempo a tocar el piano y la mandolina, cosa que hacía de oído, además, escribía poesías.

En 1921 ingresó a la Universidad de Yale, mediante unas becas que le retiraron seis meses después, tal vez a causa del oculto antisemitismo que imperaba en los colegios de la Ivy League. No obstante, le concedieron un exiguo préstamo para proseguir sus estudios. En ese tiempo, tomó clases de física, filosofía y economía. Sin apoyo económico, se vio obligado a realizar distintos menesteres para ingresar algún dinero, dinero que luego sería el origen de sus muchos conflictos. Ayudante de lavandería, mensajero y camarero fueron trabajos a media jornada. Abandonó definitivamente los estudios en 1923. Paradójicamente, Rothko volvería a Yale 46 años mas tarde para recibir un título honorario.

Sin rumbo fijo, entre 1923 y 1924 se dedicó a “vagabundear” hasta que finalmente, ya independizado de su familia, recaló en Nueva York donde fortuitamente se matriculó en la Art Students´ League, allí decidió que el arte “era esa la vida para mi”. Dos mese después visitó a su familia en Portland y allí intento actuar en teatro, intento que fracasó.

Vuelto a Nueva York en 1925 inicia su formación artística en el “New School of Design” donde recibe clases con los artistas Arshile Gorki y Max Weber. Este último le transmitió la idea de visualizar el arte como herramienta de expresión emocional y religiosa. Marcus sobrevivía cortando patrones para prendas de ropa. Mientras, comenzaba a interesarse por el movimiento artístico, visitaba galerías y museos. Conoció obras de artistas europeos entre los cuales le impresionaron Paul Klee y Georges Roualt. Tal como muchos pintores, se vio influenciado por aquello que iba conociendo .