Arte

Jacques Lipchitz, la vida de un escultor

Por Santiago Raigorodsky.
Pocas veces la introducción de un escrito sobre la vida y obra de un artista sea tan clara y explícita como en estas palabras del propio artista: “Ya ve – decía Lipchitz en una conversación con el crítico Cranston Jones, emitida en 1958- llevo casi cincuenta años siendo escultor profesional , casi medio siglo. Y me he estado preguntando ¿qué es el arte? Es una energía tan poderosa, ¿qué es lo que me la da? ¿Qué me impulsa a hacer arte? Y hallé la respuesta. No sé si es la verdadera respuesta, pero para mí lo es. Es una especie de deseo de luchar contra la muerte.

 

El amor también lo es. Pero el arte es un medio humano. Procreación tienen los animales, y son arrastrados por ese impulso poderoso que los empuja a hacer que la especie sobreviva. Pero los seres humanos tienen el arte, y eso los diferencia del animal. Y aquí es cuando sientes esa continuidad, esa inmortalidad del arte”...


Jacques Lipchitz en su estudio

Son pocos los detalles que se conocen sobre la vida personal de Jacques Lipchitz. Se sabe que nació un 22 de agosto de 1891 en Druskieniki , en ese entonces parte del imperio ruso, hoy Lituania. Su nombre completo fue Chaim Jacob Lipchitz, el mayor de los seis hijos de Abraham Lipchitz y Rachel Leah Krinsky. Su padre era un próspero contratista de obras.

Ya en sus primeros años, mientras estudiaba en una escuela comercial en Bialystok, el joven Jacob demostró su inclinación por el dibujo y el modelado en arcilla. En Vilna, donde se trasladó con quince años, siguió sus estudios y completó su enseñanza media. En esa temprana edad recibió elogiosos comentarios sobre sus primeras obras escultóricas.

El joven Lipchitz determinado a dedicarse al arte, apoyado por su madre y un tío, decide y viaja a París en octubre de 1909. Su padre, que en principio se opuso a ese viaje, rectificó su actitud al poco tiempo y aceptó la vocación de éste, apoyándolo económicamente.

En París, el joven Lipchitz asistió a clases de escultura en piedra y anatomía en la École des Beaux-Arts, también estudió en la escuela Julian y en la Académie Colarossi. Visitaba casi a diario el Louvre además de otros museos, y fue allí donde cobró un gran interés por la historia del arte, especialmente por el del antiguo Egipto, el griego arcaico y el gótico. Entusiasta y trabajador, el joven Lipchitz pronto estableció relación con otros jóvenes artistas, sobre todo emigrados rusos. Con algunos de ellos expone, en 1911 en las Gals Malesherbes y posteriormente en el Salón National des Beaux-Arts y el Salon d´Automne. Ese mismo año contrajo tuberculosis, una enfermedad común en esos tiempos, como consecuencia de ello viajo a Bélgica, donde se pudo reponer.

En 1912 dos hechos reclaman su presencia en Rusia, uno fue el conocer las dificultades económicas que atravesaba su familia y el otro es que había sido reclamado por Rusia para hacer el servicio militar. Sin embargo, liberado de éste por razones de salud, pudo visitar brevemente el Museo del Hermitage de San Petesburgo. Al poco tiempo regresaba a París.

Serían esos años de angustia por la situación familiar, que también afectaba su economía, y el inminente estallido de la primera guerra mundial. Instalado en Montparnasse siguió trabajando en su estudio, vecino de quien sería otro gran escultor, el suizo Brancusi.

Lipchitz en 1913 conoce a Max Jacob y a un joven pintor italiano, Amadeo Modigliani, con quienes hizo pronta amistad. En 1915 también se relaciona con el pintor Jaim Soutine, al que presenta a Modigliani. Su círculo de amistades se hacía cada vez mayor.

En 1914, en compañía de Diego Rivera, que con el tiempo sería un gran pintor y muralista mejicano, viaja a Mallorca y luego a Madrid. Allí, en el Museo del Prado, conoce las obras de Tintoretto, Goya, El Bosco, Velazquez y el Greco, por quienes se siente fuertemente impresionado.

En París nuevamente y también por mediación de Diego Rivera, conoce a Picasso y a Juan Gris, que eran en ese entonces, junto a otros artistas como Georges Braque, los más importantes e inteligentes iniciadores del movimiento cubista. Así fue como Lipchitz, a través de sus viajes, sus primeros trabajos y sus numerosos amigos en pocos años pasó, de una elemental formación artística, a poseer una gran variedad de influencias formativas.

Es en esos años, de 1913 a 1914, cuando Lipchitz se comienza a revelar como un escultor de estilo personal y definido. Son estos trabajos el fruto de una fusión de estilos primitivos africanos (que comenzaban a interesar mucho a los artistas de esa época) y góticos medievales. Lipchitz, dueño de un espíritu inquieto y exuberante, encuentra, además, en un nuevo movimiento plástico, el cubismo, un camino de investigación, elaboración y transformación de sus obras. Para ello cuenta con la colaboración de sus amigos, principalmente la de Juan Gris. También se vería fuertemente influenciado por la obra de Picasso.

El cubismo era una tendencia de fuertes bases conceptuales que buscaba, por una parte la simplificación de las formas, geometrizándolas, y por otra, una nueva concepción del espacio. En principio fueron algunos pintores, con Picasso a la cabeza, quienes desarrollaron los primeros pasos del cubismo. Ellos sostenían la posibilidad de mostrar un objeto visto desde distintos ángulos.

Se rechazaba la perspectiva tradicional, que veía al objeto desde un solo punto de vista, estableciéndose la multiplicidad de esos puntos. De esa forma se incorporó la noción del tiempo y se mostró la totalidad del objeto, de lo que se sabía, aunque no fuera posible verlo. Para ello, se geometrizaron los cuerpos espaciales en planos y se desarticularon sus partes esenciales para llevar el objeto a la superficie de sus telas y papeles.

The guitar player – 1918 Figura sentada - 1916

Desde luego, la comprensión del proceso cubista (que vale la pena conocer) en todas sus etapas, ha sido una de las claves en el desarrollo de la plástica actual. Seguramente, junto al impresionismo y al expresionismo han sido los movimientos de mayor importancia artística del siglo pasado y que impregnan el actual.

Pero el problema de los escultores era un tanto distinto al de los pintores, ellos tenían el volumen y no el plano de un papel o de una tela. Las soluciones encontradas y desarrolladas por los pintores eran de difícil traducción en el campo de la escultura. En el ámbito de los primeros escultores cubistas, como Lipchitz, Archipenko y Laurens, entre otros, se aplicaron distintas soluciones en la búsqueda de una más rica representación plástica.

Hasta ese momento, toda la escultura había sido realizada a partir de un bloque homogéneo, sobre el que se trabajaban las formas. En principio, algunos escultores cubistas, influenciados por los “collages” de los pintores, comenzaron a construir sus obras con diversas piezas, no procedentes de un mismo bloque. En la búsqueda de la “ausencia de masa”, aparecen huecos y vacíos creándose así un nuevo concepto del espacio escultórico.