Arte

Baruj Salinas: pintor, artista sin pompa

Por Santiago Raigorodsky.
Baruj Salinas nace en la calle Sol de la Habana Vieja, Cuba, era el año 1935. Salinas recuerda y nos cuenta de su vida, de su infancia. “Mi familia era aragonesa – dice- y formaba parte de aquellos judíos que fueron expulsados de España en 1492. Expulsados de España fueron a vivir a Estambul-Turquía, desde donde llegaron a Cuba, ya en 1920, esta vez huyendo del conflicto entre turcos y griegos. Por lo tanto mis raíces son judeo-sefardíes. Mi apellido, Salinas es originario del norte de España, en donde existían grandes minas de sal, por lo general los judíos tenían apellidos relacionados con el trabajo que desempeñaban o del lugar donde moraban. Mi abuela materna  – sigue recordando- hablaba el griego, el turco y el ladino.

 

Mi padre en esos años 20, también huía del conflicto greco-turco y decide también ir a Cuba,   es en La Habana que se conoce con mi madre, se enamoran y se casan.”

Rememora el artista momentos de su niñez cuando jugaba a la pelota en Santos Suarez, allí estudió el bachillerato y fue donde comenzó a pintar.  “Mi padre era arquitecto y mi madre ama de casa, no obstante era la mía una familia humilde. Siendo joven aún, mi padre enfermó gravemente y mi madre, para ganar el sustento familiar trabajó en la secretaría de la comunidad judía. También, en sus ratos libres hacía trabajos manuales, pintaba pantallas para lámparas, confeccionaba blusas y otras cosas”.
B. Salinas, M. Ruiz, O. Blanco, A. Tapies, G. Lang, J.A. Valente, Ginebra, Mayo 75

Recuerda que ella pintaba rosas muy bonitas y él la ayudaba en esos menesteres. No obstante ello,  él  realizaba sus inquietudes. Llenaba libretas con sus dibujos, tiras cómicas, mercados callejeros, el pescadero, el billetero, el heladero  y todo tipo de escenas que veía. Eran cosas totalmente figurativas, como correspondía a esos primeros pasos en la pintura.

Salinas se considera un pintor autodidacta, pues no ha tenido estudios académicos de arte, y gusta de utilizar la palabra pintor en lugar de artista, palabra que le suena excesivamente pomposa. De esos tiempos recuerda su paso por el Círculo de Bellas Artes, donde sólo iba gente vieja que hacía una pintura costumbrista y figurativa, que era la que primero conoció.
Meseta central


La necesidad de un futuro económico  más seguro lo llevó a estudiar arquitectura, carrera que lo llevó a Estados Unidos, donde se graduó en 1958 en la Universidad de Kent, Ohio, pero a pesar de eso jamás dejó de pintar.

En 1959 expone de forma colectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y definitivamente, en ese mismo año el pintor abandona la isla de Cuba y se radica en los Estados Unidos. Tenía a su  hermana Rosa en San Antonio, Texas y  allí, con ella, vivió dos años.

Posteriormente se radicó en Miami, donde permaneció hasta 1974. En 1962 realiza su primera exposición personal en el Miami Beach Art Center, de Florida. Grupalmente lo hace en el Witte Museum de San Antonio en Texas y en el Museo de Ft. Lauderdale de Florida.  En 1963 expone individualmente en la Village Corner Gallery, en Coral Gables. Sus exposiciones personales se suceden año tras año ininterrumpidamente, en 1964 en la Schooner Gallery, de Provincetown y en la Rogue´s Gallery II, de Coral Gables, en 1966 muestra sus obras  en la Mer-Kup Gallery, de México D.F., en 1967 en la Galería de México, en Montreal, en 1969 realiza, también en  México,  una exposición circulante y otra en 1970, en el Salvador.

Para ese entonces recibe por dos años consecutivos la beca Cintas, que lo reafirma en su pasión por la pintura. Es en 1969 cuando Salinas, debido a la alergia que le causaba el aguarrás con el que diluía el óleo, comienza a trabajar con acrílicos. También utiliza el grafito del lápiz, crayons y carboncillos,  ampliando su conocimiento de estos materiales.
El Puente, oleo/tela, 1968

De su técnica señala, que en sus principios realizaba numerosos bocetos y trabajaba sobre ellos, pero utilizándolos simplemente como punto de partida, luego, a medida que avanzaba el cuadro comenzaba a cobrar vida. En cuanto el color comenzaba a condicionar la obra, era  lo que realmente  le proporcionaba su carácter. Salinas nos dice que  sentía fascinación por  el trabajo de Monet,  con sus cambios de colores dependiendo de la hora y la luz  de día. Siempre ha sentido que el color es la base de su obra y lo considera más importante que el dibujo.

Es 1969 un año de cambios en la obra del artista. La abstracción comienza a ganar terreno en su trabajo. Es esa una época en que  proliferan los proyectos espaciales,  y el impacto que le provoca el primer alunizaje hace que el artista se comience a interesar vivamente por la astronomía y el cosmos. Planetas,  galaxias, cometas, nebulosas o sea, el macrocosmos son objeto de su interés. Tiempo más tarde ese interés se reflejaría en una gran parte de sus trabajos.

Recuerda que un amigo suyo, Humberto Figueras, médico y filósofo le hablaba de dos influencias vitales que en él marcaban su obra, “la ortodoxa judía que desdeña la representación humana-esto en mi caso subconscientemente, nos dice Salinas- y mi tendencia antisocial por la búsqueda de la espiritualidad como rechazo de lo mundano y terrenal.”

Es en 1970 cuando Salinas decide abandonar definitivamente la arquitectura para dedicarse  totalmente a la pintura. De ese momento dice el pintor: ”Dejé la arquitectura por falta de espacio para maniobrar. Me refiero a la falta de libertad. Siendo arquitecto uno está supeditado a los asuntos  de dinero, a los deseos de los clientes y otros muchos problemas que se te van presentando. En la pintura soy árbitro y ejecutor. Y es excitante ver como de un espacio en blanco va surgiendo la obra que tienes en mente. Aunque es cierto que casi nunca lo que tienes en ella se traduce en una fiel reproducción al pasarla al lienzo. Es que el cuadro adquiere vida propia a medida que va desarrollándose”.

Seguramente, en esa búsqueda de libertad el artista se va decantando cada vez más por una pintura abstracta. “Para mí fue una revelación temprana el ver las obras de  un Pollock o la de  Willem de Kooning. Sentí afinidad al enfrentarme ante sus obras”. No obstante, el observador, frente a sus obras llega a apreciar un orden dentro del caos aparente de su pintura.  Y es que en ella existe una estructura subyacente, producto, sin duda alguna, de su formación como arquitecto. “Pintar para mí –señala- es un acto trascendente, una meditación. Ese  acto de pintar tiene una relativa espontaneidad, en él se verifican accidentes controlados. Uno aprende con el paso del tiempo”.

En un momento determinado, entre 1971 y 1973 Salinas pinta una serie de trabajos que presentaban un microcosmos, como quien mira a través de un microscopio, sus pinturas cobraban vida encerradas en círculos perfectos ejecutados con compás. “Eran como amebas o embriones, o sea una vida celular”, nos cuenta el artista.

En 1971 expone individualmente en el Instituto Nacional de Bellas Artes, en México. También ese año expone en la B.I.D. Gallery de Washington y finalmente-por sólo mencionar algunas de sus numerosas exposiciones- en 1974, lo hace en la Galería Misrachi de México.