Arte

Artistas e intelectuales judíos en Tossa de Mar

Por Santiago Raigorodsky.
Existen historias ficticias, historias reales, historias vividas, historias escuchadas, historias buscadas e historias encontradas. Y esto último me sucedió en mi última visita a Tossa de Mar, ese pequeño pueblo de la Costa Brava catalana, donde suelo acudir en búsqueda de un par de días que me alejen de la farragosa cotidianeidad en la que uno suele vivir en las grandes ciudades.

Estaba, como otras veces, de visita en la galería de arte de Joan Planellas, a quien, aparte de reconocerle su meritoria labor por el arte contemporáneo y el esfuerzo que realiza con el fin de fortalecer y difundir la cultura de Tossa, le considero un gran amigo de todos los artistas.

Mientras charlábamos de cosas habituales entre artistas y galeristas, penetró en la galería un señor de cabellos blancos, como comienzan a serlo los de quien escribe esta nota. Como sucede habitualmente, la presentación no se hizo esperar y fue así, simplemente cómo me enteré del nombre y de quién era aquella persona de mirada joven y franca. Se trataba del antiguo alcalde de Tossa, Sebastià Coris.

La conversación prosiguió distendida, afable, curiosa y llena de comentarios por parte de unos y otros acerca de todo lo que giraba en torno al arte. Entre aquellas cosas que charlábamos, surgió el comentario que hice en cuanto a que, últimamente, también me dedicaba a escribir sobre arte y artistas judíos. Y allí apareció la historia.

- Es que Tossa recibió en la entreguerra un sinfín de artistas e intelectuales judíos, no lo sabías? -me dijo Planellas, cosa que corroboró Coris, diciéndome:

- Es verdad. Personalmente, en mi época de alcalde,  al saber de la existencia de ese momento me  interesé por él y entre otras cosas, a raíz de esa situación, tuve la oportunidad de conocer a Chagall. Él había estado aquí en 1934, lo hizo con su esposa e hija.

Marc Chagall.

A mediados de los años setenta se hizo una exposición de homenaje al pintor. Para comunicarle el hecho, viajé con algunos compañeros a San Paul de Vence, donde entonces residía Chagall, quien nos recibió amablemente.

Fue a partir de ese encuentro que  mantuve un intercambio de correspondencia con él, correspondencia que he legado al ayuntamiento. Es más, todo eso está expuesto en este momento en el Museo de Arte de Tossa, un pequeño homenaje a Chagall.

Y debí confesar, que a pesar de mi permanente interés por el mundo del  arte, por la pintura,  por los museos y todo aquello que tiene relación con ello, mi desconocimiento de la historia que me relataban y hasta de la existencia del mismo museo, por cuya puerta tantas veces había pasado sin descubrirlo, era absoluto.

Fue así, simplemente, como esta historia, tan entrañable, cercana en tiempo y espacio me encontró, o quizás, me encontré con ella. Dado mi interés por el tema, Joan Planellas me facilitó el libro que fundamentalmente me ha permitido realizar este artículo: un libro magnífico que editó la Caixa de Girona con motivo de la exposición titulada “Berlín>Londres>París>Tossa… La tranquil-litat perduda”. Se trata de una publicación ampliamente documentada debido a un magnífico y exhaustivo trabajo de investigación realizado por Gloria Bosch y Susanna Portell, que a su vez fueron las comisarias de la exposición realizada en la “Fontana D’ Or”, en Girona, de julio a setiembre del 2007.

En realidad, Tossa de Mar es conocida desde la época romana, cuando se llamaba Turissa. En la bahía de Tossa hay un pequeño promontorio en plena playa, en el que se sitúa un recinto amurallado medieval, llamado la Vila Vella, que cuenta con siete torres circulares. Se estima su origen en el siglo XII,  y dicho recinto  fue construido para evitar los ataques de piratas que eran habituales en esos tiempos.


Adolf Zerkowitz: “Redes extendidas en la playa”. Archivo Histórico de Barcelona. Archivo Fotográfico.

Dora Maar: “Villa al borde de la playa”. 1934.

Pero nuestra historia es mucho más actual. Comienza en la época de entreguerras, en el siglo pasado. Unos años antes, en los primeros años de ese siglo, Tossa de Mar era un lugar casi desierto, con accesos imposibles, una pequeña villa de pescadores pobres y contrabandistas de poca monta a orillas del Mediterráneo, que por entonces era un sitio ideal donde vivir tranquilamente y pasar desapercibido para el resto del mundo.

Ese pequeño poblado, poco a poco fue descubierto por innumerables artistas de la tierra, que en su afanosa búsqueda en pos de un lugar propicio para la creación, se fueron mezclando con la pequeña población local.

Tossa, casi sin querer, se va a convertir a partir de los años veinte en uno de los centros del mundo plástico. Entre los muchos artistas catalanes que frecuentaban el lugar, unos temporariamente y otros que se van a radicar por largas temporadas, tenemos a los pintores Oleguer Junyent, Joan Serra, Gausachs, Camps-Ribera, Emili Armengol, Manuel Humbert, Bosch-Roger, Pere Créixams, el escultor Enric Casanovas y el también escultor Enric Monjo.

Anteriormente a ellos ya habían estado pintando en estos paisajes de mar y montaña artistas como Masriera, Roig i Soler, Brull, Vilallonga, Galwey, Antoni Badrinas, Joan Colom, Ignasi Mallol y muchos otros.

Era por los años 1915 y 1916 que comienzan a llegar a Tossa los primeros turistas extranjeros, turistas llegados del “norte”. Ya en los años 30, entre esos turistas se destacaban muchos de ellos de origen judío, que de hecho van a ser los primeros promotores turísticos de lo que seguía siendo una pequeña villa, y fueron ellos los que le van a abrir los ojos a la gente del lugar. Es a partir de entonces cuando Tossa se va a convertir en un lugar donde numerosos artistas e intelectuales se van a encontrar. Es allí donde se van a cimentar objetivos e ideales en lo que hacía al mundo de la creación.

Fue esa una época en que se reflejaban en Tossa las consecuencias de un mundo entre guerras. Un mundo donde se cocían historias, ideas, obras y situaciones opuestas, incluso contradictorias, donde se mezcló la realidad y la fantasía. Esto, sumado al desconocimiento de los recién llegados, sus costumbres y sus extraños idiomas, sus encuentros, tertulias y proyectos alimentaban esos fantasmas.

Las dos primeras oleadas de artistas e intelectuales extranjeros se corresponden con dos huidas significativas, la de la Primera Guerra Mundial y la del ascenso del nazismo al poder, en Alemania. Muchos de estos artistas, si bien no se radican de forma fija en Tossa, son asiduos al pueblo, con el fin de pasar unas tranquilas vacaciones, contactar entre ellos y realizar futuros proyectos, en definitiva un lugar donde poder arraigar sus sueños. Muchos de estos artistas deciden rehacer su vida en Tossa, con un éxito dispar.

Pero fundamentalmente, entre otros, hubo un factor para que tantos creadores coincidiesen en Tossa como punto de encuentro. Muchos de ellos se conocían y habían tenido amistad en lugares que habían sido sumamente importantes para el mundo de la cultura. La mayoría de ellos habían coincidido en Berlín, Londres, París, La Bretaña o Ceret.

Tossa de Mar, esta villa de la Costa Brava catalana, se convirtió así, en esos años, en un hervidero de situaciones, en lo social, lo político, lo artístico y lo turístico. Tossa desde entonces se ve acompañada de una doble visión; la local y la exterior.

Entre aquellos primeros artistas extranjeros que llegan a Tossa encontramos a la pintora e ilustradora Olga Sacharoff (Tiflis, Georgia, 1889 - Barcelona, 1967) y su compañero Otho Lloyd (Londres, 1885 - Barcelona, 1979), también pintor y fotógrafo. Este a su vez, es acompañado por su hermano, Arthur Cravan (Fabian Avenarius Lloyd), eran ellos sobrinos de Oscar Wilde. En sus primeros tiempos se alojaron en la Fonda Rovira, hoy convertida en hotel.


Olga Sacharoff – “Pic- nik”- 1918/34. Museo Municipal de Tossa- óleo s.tela 65x81 cm. Mela Muter- “Tossa de Mar-Costa Brava”

Habían dejado París por Ceret, Tossa, Mallorca y Barcelona en el año 1915. Según Eugeni d’Ors, fue el marchante Josep Dalmau quien, a raíz de un viaje a París, trajo a la pintora. Las fotografías de Lloyd y las pinturas de Olga (comidas, meriendas campestres, fiestas y bailes populares), donde la pintora se va desprendiendo de los rasgos cubistas, son testimonios de estos encuentros en Tossa. Aunque radicados en Barcelona, la pareja formada por Olga y Otho intensificó sus estancias en Tossa a partir de 1919.

Otra excelente pintora, Mela Muter (Melania Klingslan Mutermilch), nacida en Varsovia en l876 y de origen judío, solía frecuentar Tossa en esos años, como lo atestigua una acuarela suya de 1927 y una pintura de Es Codolar. Mela estuvo, a partir de 1914, radicada durante varios años en Girona.

Entre otros artistas, que también llegaron por esos años, encontramos a los fotógrafos Adolf Zerkowitz, de origen vienés y también al francés Lucien Roisin Besnard, que dejaron un impresionante testimonio a través de sus obras, de la Tossa de entonces y de sus gentes.

Alemanes, franceses, italianos, rusos y personas del resto de Europa contribuyen a esta etapa de crecimiento y consolidación de Tossa como un centro de importancia turística y también cultural. Pero tal concentración de gente tan heterogénea, con tantas diferencias de actitud, de ideas, de diversidad de lenguas y procedencias provoca, además de un bullir de ideas, no pocas controversias e incluso equívocos de todo tipo. La playa, las calles y el café D'en Biel se convirtieron en un punto de encuentro. un lugar de convivencia donde se desarrollaban proyectos y se entrecruzaban palabras y pensamientos

En aquellos años, también vemos la llegada de la pintora y luego galerista Jadwiga Kon, seguramente luego de la muerte de su marido, el artista Eugenio Zak, acaecida en 1926. Por esa razón, ella sería conocida como Madame Zak. Jadwiga vive temporada en Tossa, temporada en París, donde con su hijo Janek, acaba abriendo en 1929 la “Galeria Zak de Arte Moderno”. Tanto ella como su hijo fueron apresados en Francia por los nazis, y luego de una prolongada estancia en el campo de concentración de Drancy, como tantos otros judíos, fueron exterminados en Auschwitz.


George Kars, que en realidad se llamaba Jiri Karpeles, era de origen judío. Había nacido en Kraluppy, Checoeslovaquia, en 1880. Desde muy temprana edad Kars pintaba, pero sus estudios formales los realizó en la Academia de Arte de Munich. Posteriormente estudió Historia del Arte en la Universidad de esa ciudad alemana. Es en 1908 cuando Kars se traslada a París donde establece una buena relación con Paul Klee y Jules Pascin. En sus inicios, Kars desarrolla su obra dentro de la escuela impresionista, no obstante, como muchos otros pintores su obra pasa por distintas escuelas como el expresionismo, el simbolismo, el fauvismo y el cubismo.

Georges Kars – “La Inglesa”-1935. Óleo s.tela-45x61,5 - Museo Municipal de Tossa.



En el año 1929, Kars llega a Tossa, lo hace de la mano del crítico de arte Rafael Bennet (ambos a su vez, habían sido presentados por Pere Creixam, que por entonces pasa a ser el hombre contacto entre París y Tossa). Kars, con su esposa Nora, se establecen en una casa de la calle San Telmo número 25, que van a comprar y que se convierte en un verdadero museo de arte popular. Kars decía en ese momento que “quería disfrutar con vosotros durante algunos meses de cada año o al menos de la dulzura de vuestro bello cielo catalán”.

En Tossa, Kars se integra totalmente al ambiente reinante, asiste a las tertulias del bar de Marcus, del Café D’ en Biel y de la pensión Steyer, donde coincidían artistas e intelectuales extranjeros. Se vincula rápidamente con Pere Créixams, Bennet, Alberto del Castillo, Georges Charensol, Llorens Artigas y muchos otros. Kars es entre 1933 y 1936 uno de los residentes más fieles de Tossa. Durante esos años Kars realiza muchas obras relacionadas con la población, tanto paisajes como retratos y con sus exposiciones contribuye a popularizar Tossa. En el invierno de 1934 dirá al respecto: ”En Praga, Tossa es ya tan conocida como Barcelona y mucha gente quiere ir allí este verano”.

Bennet escribe a menudo sobre él destacando la afición que el artista tenía por el dibujo y decía además que poseía “unas manos robustas de campesino y el espíritu burlón y equilibrado”.


Al estallar la Guerra Civil Española, el 18 de Julio de 1936, George Kars y su esposa Nora embarcaron en uno de los barcos que venían a recoger a los extranjeros que había en Tossa, para repatriarlos a sus países. El matrimonio Kars se acogió a su doble nacionalidad y marchó a su país de residencia, Francia.

Debido a su origen judío fue acosado por el nazismo, debiendo buscar nuevamente refugio en Suiza, en diciembre de 1942, cruzó la frontera hacia Suiza, donde realizó un gran número de dibujos y pinturas que representan a los refugiados que huían en busca de un nuevo destino.

Foto: Chagall y Kars en la playa de Tossa. 1934. Rafael Bennet: “Tossa Babel de les Arts”. Oct.1934.


Debido a la presión del nazismo y al enterarse de la terrible suerte de su familia en Checoslovaquia, Kars se suicidó el 5 de febrero de 1945 arrojándose del quinto piso del hotel en donde se hospedaba. Posiblemente Kars y Oskar Zügel hayan sido los artistas extranjeros más fieles a Tossa.

En 1931 se había “destapado” la Tossa tranquila, en un artículo de Lluis Montanyola donde al margen de describir la naturaleza, las casas blancas y azules y “el plateado de la piedra envejecida”, se fija en el factor humano, en “aquellos marineros barbudos, chupando su pipa de forma tal como si fuesen sacados de una comedia”, sentados horas y horas en el portal de “Ca la María Angela” viendo cómo desfila la vida tranquila de aquel pueblo marinero… Una tranquilidad que de a poco iría dando paso a la llegada de extranjeros, “a la invasión extranjera…”.


Ya en 1933 llega a Tossa el pintor bretón Jean Metzinger, que va a pintar en clave cubista las torres de la Vila Vella, entre murallas. El artista llega con su esposa, también pintora, Suzanne Phocas, francesa de origen griego que entre otras obras va a realizar en Tossa sus grabados en punta seca, como los que había hecho un año antes para ilustrar las fábulas de La Fontaine. Por su parte, Metzinger que mostraba su pesimismo por la situación socio-política de Francia declaraba que París había perdido su carácter acogedor, así como sucedía también con Berlín o Roma, decía entonces; “La capital de Cataluña, Barcelona, es hoy la única ciudad europea que por su presente y por su situación geográfica podría llegar a ser la capital artística de la tierra”.

Foto: Jean Metzinger – “Bailarina” – 1934. Museo Municipal de Tossa.


Entre otros artistas llegan también a Tossa, en el verano de 1933, el pintor ítalo-suizo Serge Brignoni y su compañera, la pintora chilena Graziela Aranis, ella muy amiga de Dora Maar “trabaja arabescos y fotografías”. Él, cerca del mar, se dedica a esculpir madera y pinturas de paisajes.

Personas interesantes fueron los esposos Von Bucovich, él, de origen croata y poseedor del título de barón, era por aquel entonces un fotógrafo renombrado. De allí que su esposa fuese conocida como la baronesa Von Bucovich, pero, en realidad era de origen italiano, se llamaba Laura Nageli. Ella había instalado un local donde además de vender toda suerte de artículos, había creado un espacio que funcionaba como galería de arte y también una biblioteca de préstamo. En ese lugar expusieron muchos artistas “refugiados” y en el imaginario de la gente del lugar se decía que allí existían cosas extrañas, “porque allí dentro, bien escondidos, se intuyen planos y brújulas”, lo que llevaba a murmurar sobre la existencia de espías extranjeros.

También, un poco alejado del centro de Tossa, en la carretera que une a ésta con Girona, se había instalado como comerciante el editor judío alemán Kurt Merlaender, con su esposa e hijo. El local llamado “El buen retiro” era una especie de café muy visitado, ya que además poseía dos pistas de tenis y una pista de baile donde la gente se divertía por las noches.

Hoy conocemos muchas de aquellas circunstancias a través de los escritos que Rafael Bennet, en 1934, publica en la revista barcelonina ilustrada “Art”, que dirigía Joan Merli, influyente crítico y marchant de arte de la época. Se trataba de un número extraordinario dedicado a la colonia de artistas extranjeros que incluye nombres tan llamativos como Marc Chagall, André Masson, Georges Bataille, Oscar Zügel, Otho Lloyd o Dora Maar.

Bennet, crítico de arte y pintor, define a Tossa ante la afluencia de esos numerosos artistas, como el “Babel de las artes”, y es este artículo el que se ha convertido con el tiempo, en el referente para el estudio historiográfico de este momento de convivencia entre la población local, los artistas nacionales y los internacionales que llegaban en esos años.

Ya Bennet, en 1933, había hecho comentarios al respecto en una columna publicada para “La Veu de Catalunya”, titulada “Conocidos de verano”. Señalaba, entre otras cosas que los artistas asentados en Tossa, eran principalmente Kars, Jean Metzinger y Creixams.

Era Bennet un profundo conocedor del pueblo y de lo que allí sucedía, como vemos reflejado en las páginas de “La Veu de Catalunya”, donde publicaba sus artículos. Es él quien idea el proyecto de habilitar una antigua casa de la “Vila Vella” como museo, proyecto que se consolidará en 1935, que es cuando se inaugura el Museo de Arte Contemporáneo. Y son, justament, George Kars, Rafel Bennet, Pere Crèixams, Enric Casanovas y Alberto del Castillo quienes fundan el “Museu d’Art Contemporani de Tossa” con las obras de los artistas que constituían el denominado”Babel de les Arts”.

Prácticamente entre 1933 y 1934 llegan numerosos exilados y fugitivos alemanes, en la intuición de la tragedia que se avecinaba en su país ante el advenimiento del nazismo. Dentro de este grupo encontramos a los arquitectos judíos Gerhard Planck, que se encargó de la construcción de la casa del pintor Oskar Zügel, y a Fritz Marcus, que dirigió la construcción del hotel de los esposos Johnstone. Este último había sido arquitecto en la Bauhaus, pero para sobrevivir en Tossa, abrió un bar que regentaba. Durante la represión franquista encontraron en su casa una linterna y un compás, por lo que fue arrestado, ya que dijeron que la linterna servía para hacer señales y el compás para realizar mapas.

También en 1934 llega a Tossa, luego de una estada en Barcelona, Dora Maar cuyo verdadero nombre era Henriette Markovitch. Nacida en 1907 en París, de madre francesa y padre yugoslavo, arquitecto, pasó su infancia en Argentina. La crítica Victoria Combalía en un texto escrito en el año 2000, nos proporciona algunos detalles de la relación sentimental que había existido entre Dora y el filósofo Georges Bataille, que también visitó Tossa. La misma crítica nos dice : “Dora fotografió la Vila Vella, El Codolar, un pescador a la puerta de su humilde casa, una mujer junto a unas barcas y varias vistas generales del pueblo”.

Llegan en enero de 1934 el filósofo Paul Ludwig Landsberg y su señora Madeleine Hoffman, también doctora en filosofía que venía a dar clases en la Universidad de Barcelona y también en Santander. Pasan los veranos en Tossa.

Paul Ludwig Landsberg fue un filósofo católico alemán de origen judío, alumno de Husserl, que llegó a ser ayudante de cátedra de Scheler en Bonn. En 1933 se vio obligado a exiliarse de Alemania e, invitado por Joaquim Xirau, vino a Barcelona, donde dio clases en la Universidad en los cursos 1934/35 y 1935/36. Fue uno de los principales responsables de la introducción del personalismo cristiano en Cataluña. Entre sus principales amigos catalanes se encontraba Jordi Maragall i Noble, quien en 1966 editaría el libro “A Paul Ludwig Landsber: vida, obra y muerte” y, entre sus alumnos se encontraba Ferrater Mora. Landsberg siempre mostró su profunda admiración por la obra del poeta Joan Maragall.

En el verano de 1934, en Tossa, Lansberg habla de sus proyectos inmediatos para la Universidad. Ya en Barcelona, en 1935, impartiría seminarios sobre Nietzsche, Scheler y San Agustín, además habla sobre “la experiencia de la muerte”. En Tossa, Landsberg vuelve a trabajar sobre unas publicaciones, entre ellas sus “Reflexiones sobre Unamuno”. Allí, en Tossa, Landsberg solía pasear con su gran amigo y también refugiado Oskar Zügel.

Debido al estallido de la Guerra Civil Española, Landsber marchó a Francia, donde ejerce como profesor en la Sorbona. En París, en 1936, la editorial Desdée de Bronwer &Cie., lanza al mercado su “Essai sur l’experience de la mort”. En marzo de 1943 fue arrestado por la Gestapo en Pau y luego de trece meses de martirio murió de inanición en el campo de concentración de Oranienburg, en las cercanías de Berlín, el 2 de abril de 1944. Su esposa Madeleine, desquiciada mentalmente por todos los sucesos acaecidos en su vida, a partir de la muerte de su esposo y debido a su pobre situación económica, regresó a Alemania en 1952. Convertida en una mujer rota, fue puesta bajo tutela del estado. En 1954 murió de insuficiencia cardíaca en un hospital mental.


En aquel año de 1934, llegan a Tossa Otto Feldman, Ari Walter Kampf, Rudolf Levy, Eugen Spiro, J. Salomo, Hugo Zuhr, el pintor Eric Goldber, Regina Seiden y también Oskar Zügel.

Ary. W. Kampf: “Mercado de Tossa”. 1934. Óleo.s.tela-34x58. Mus. Mun. Tossa.


Eugen Spiro fue pintor, artista gráfico e ilustrador. En Alemania fue Presidente de la Secesión de Berlín y profesor de la Academia de Bellas Artes de esta ciudad. En Francia, fue profesor de la Académie Moderne, co-fundador del Salón de Otoño, y pertenecía al círculo de artistas y escritores de la parisina Café du Dôme. Luego de su experiencia francesa, Spiro volvió a Berlín donde permaneció hasta la llegada de Hitler al poder en 1933, cuando se le prohibió trabajar a causa de su origen judío.

Él renunció voluntariamente a sus cargos en 1934, obtuvo un visado con el que logró salir de Alemania vía París, huyendo del nazismo. En 1940 pasó a España y estuvo en Tossa una temporada. De allí, ya en 1941 viajó y se radicó definitivamente en los EE.UU. donde vivió hasta los 98 años. Sus cuadros cuelgan en museos de todo el mundo incluyendo la Galería Nacional de Berlín, el Musée National d'Art Moderne de París, el Museo Bezalel en Jerusalén y en la Biblioteca del Congreso, en Washington.

Resultaría sumamente complicado y tedioso incluir datos de todos los artistas judíos que vivieron en Tossa en ese momento histórico, no obstante creo imprescindible reseñar algunos datos biográficos de algunos de ellos, con el fin de percibir la importancia de estas personalidades y de la obra que desarrollaron. Sin embargo no por eso han sido menos importantes las de aquellos que no destacamos de forma particular, ni la aportación hecha por ellos.



Eric Golberg fue pintor, nació en Berlín en 1890, hijo del pintor Richard Goldberg. Estudió en París en la Escuela de Bellas Artes, en la Academia Julian y en Berlín, entre otros tuvo como profesor a Hermann Struck. En 1926, estando en París conoció a Regina Seiden, también pintora, con quien se casaría en 1928. En 1930, Goldberg se trasladó a Palestina, donde fue nombrado miembro de la Escuela de Arte Bezalel, en Jerusalem, allí enseñó dibujo y pintura. Después de cuatro años en Palestina, Goldberg volvió a París, donde expuso con regularidad en el Salon du Printemps, el Salón de Otoño, y el Palacio de las Tullerías, y también realizó muchas exposiciones privadas. Durante este período, los Goldberg visitaron Francia, Italia, y, en 1934, la ya famosa colonia de artistas de Tossa de Mar.

Goldberg, con posterioridad a esa etapa, expuso continuamente en Estados Unidos y Canadá. En un momento de su estancia en los Estados Unidos le recordaba a un periodista del “The Jewish Post”aquel “paraíso de sol” donde se reunían los artistas. En Nueva York, en el año 1936 presentó algunas obras de Tossa, como lo haría mas tarde en Canadá.

Regina había nacido en Rigaud, Quebec en 1897. En París estudió en la famosa Academia Julien y expuso su obra en numerosos salones y galerías de arte de Europa, Estados Unidos y Canadá.

Es también en 1934 cuando llegan a Tossa el periodista escocés Archie Johnstone y su entusiasta esposa Nancy. En pocos meses ambos habían decidido dar un cambio radical a sus vidas, por iniciativa de Nancy, dejan Londres para poner en marcha un pequeño hotel de once habitaciones, muy alejado de los planteamientos del turismo de masas. Encargaron su construcción a Fritz Marcus, un reputado arquitecto alemán que había tenido que emigrar por ser judío y ya regentaba un bar en Tossa. El hotel abre en verano de 1935 con un sorprendente éxito de visitantes, preferentemente ingleses.

Pensado para alojar turistas extranjeros, durante un año contribuyó a reforzar el microclima social y artístico que se había creado en torno al grupo de artistas e intelectuales refugiados en esa población. Allí se hospedarán y reunirán corresponsales de guerra, poetas y pintores, todos ellos simpatizantes de la causa republicana y también se verían allí personalidades británicas que visitaban Cataluña. La propietaria de esa fonda, Nancy Johnstone, publicó Hotel in Spain (1937), una crónica de esa experiencia, de sus inicios como establecimiento hotelero y de su posterior reconversión en residencia para niños refugiados durante la Guerra Civil. En parte queda reflejado en el libro el comienzo de la Guerra Civil Española, que iría a quebrar de forma definitiva la paz y la tranquilidad del lugar.


Carles Sentís decía en un reportaje de esa época, para L'Instant, que ha encontrado hasta siete periodistas del News Chronicle y otros del Daily Herald y el The Times. Para todos ellos Tossa era “el paraíso azul”, según la definición acuñada poco antes por Marc Chagall.

Oskar Zügel-Autorretrato – óleo-37x45 cm.


Oskar Zügel también llegó a España en 1934 y escogió la pequeña villa de Tossa de Mar como refugio. Zügel nació el 18 de octubre de 1892 en la ciudad alemana de Murrhardt, cerca de Stuttgart. Su padre fue alcalde de su ciudad natal. Durante su adolescencia y primera juventud vivió y trabajó en Stuttgart. En 1918 al querer ingresar en la Academia de Bellas Artes se encontró con que ésta exigía a los estudiantes que adquiriesen una profesión “práctica”, previa a los estudios artísticos, Zügel escogió ser ebanista. Ya a partir de 1919 estudió en la Academia de Bellas Artes de esa ciudad.

Todo en su vida parecía seguir su curso normal, el matrimonio con su esposa, Margarita, 1924-1925, el nacimiento primero de su hijo y luego de su hija, excursiones de arte a Venecia, Hiddensee, París y Yugoslavia. En esas ciudades estableció amistad con algunos artistas en ascenso, como Paul Klee (mantuvo amistad también con el hijo de éste), Oskar Schlemmer y Willy Baumeister, con Leger tuvo una profunda amistad personal y también fue amigo íntimo de Joseph Albers. Conoció además a  George Braque, Pablo Picasso y Juan Gris.

En 1933, Zügel había realizado varias exposiciones en Stuttgart y también en Florencia. En ese año los nazis simplemente consideraron las obras del artista como “arte degenerado”, sus trabajos fueron confiscados y posteriormente quemados en el patio de la Galería Estatal de Stuttgart. En ese mismo año debió abandonar Alemania, luego de que su mujer y sus hijos hicieran lo mismo, debido a la persecución nazi. El artista, además de judío, era un hombre comprometido ideológicamente con la izquierda.

Al llegar a Tossa, Zügel encontró allí una atmósfera inspiradora, lo que le permitió volver a pintar nuevamente. Allí hizo amistad con Marc Chagall, André Masson, George Kars, Rafael Bennet, Georges Duthuit (yerno de Matisse), Nancy y Archibald Johnstone y también con el filósofo Paul Ludwig Landsberg.

En su casa, que fue un lugar de encuentro, acogió a varios amigos, entre ellos el abogado, escritor y pintor judío Fred Uhlman.



En una de sus pinturas, el “Cuadro-Destino”, Zügel, evocando el triunfo de la justicia y vaticinando la caída del nazismo, pinta en medio de una imagen apocalíptica una esvástica. El artista, por haber utilizado ese símbolo, paradójicamente, es acusado por un tribunal de Gerona como simpatizante del régimen nazi, acusación de la que posteriormente fue absuelto gracias al testimonio de Nancy Johnston.

Al comenzar la guerra civil española, la azarosa vida de Zügel una vez más se ve comprometida, debiendo huir de Tossa.

“Cuadro-Destino, Destrucción de la ciudad de Stuttgart/Justicia vencedora/Caída de la mala estrella Hitler” –óleo.s.tela -1934/36- 163 x130 cm. Prop. Katia Zügel- Museo Badem Solingen.


Luego de un rápido retorno a Alemania en 1936, Zügel y su familia parten nuevamente al exilio. En 1937 viajan hacia Argentina, donde vive hasta 1950. Allí, angustiado, escribió; “En realidad no añoro Alemania…Me angustio más por España, donde han confiscado mi casa, han robado mis muebles y me han quitado los últimos objetos que tenía… Mi corazón se consume por este país donde encontré la calma, la fuerza y la inspiración para mi trabajo”. Escribe y pinta sobre el horror de la guerra española. Hostigado por el régimen peronista, Zügel decide volver a Tossa donde comprueba aquello que le habían dicho, las tropas franquistas habían saqueado la casa que aún conservaba allí, sorprendentemente algunas de su obras se salvaron milagrosamente gracias a algunos pescadores de la villa que decidieron esconder sus cuadros.

Entre esos trabajos, Zügel recobra el “Cuadro-Destino/ Destrucción de la ciudad de Stuttgart/Justicia vencedora/Caída de la mala estrella Hitler”, que va a volver a ocupar su lugar en el estudio del artista. Hoy, ese cuadro, que fue recuperado por Katia, la hija de Zügel, se encuentra en calidad de préstamo en el museo de Arte de Solingen (Alemania).



Zügel reconstruye su vida, junto a su segunda esposa, Clara, construye un pequeño hotel, lo que le proporciona estabilidad económica y le permite seguir con su arte. En Tossa, Zügel vuelve a pintar nuevamente. En 1951 fue invitado junto con Chagall, Klee, Kandinsky, Leger, Kirschner, Matisse, Miró y otros pintores famosos a exponer en Florencia.

Zügel falleció en Tossa el 5 de marzo de 1965.

Oskar Zugel – “Caballero Don Quijote”- 1934. Óleo s.tela- 100 x 72, 5 - Museo Municipal de Tossa.

Un visitante excepcional fue Marc Chagall, que llegó el mismo verano de 1934 con su esposa Bela y su hija Ida, como también con sus dos amigos, los poetas Henri Michaux y Jules Supervielle, para pasar unas vacaciones. En un artículo aparecido en el periódico ABC, en julio de 1987, el crítico de arte Rafael Santos Torroella dice: “Chagall se dedicó aquel verano a dos de sus más envidiables quehaceres, el de sumirse en su propia obra y el de ser feliz en compañía de los suyos y de sus amigos.”

Sí, no poco fue lo que pintó durante aquella, su única estancia entre nosotros. De sus obras de aquellas semanas pasadas en Tossa se recuerdan un excelente bodegón de frutas y una serie de guaches importantes, dentro de sus característicos temas de “mujics”, violinistas y parejas de enamorados en levitación a lomos de gigantescas aves, con fondos de apiñadas isbas de su Vitebsk natal o del París de la torre Eiffel no menos emblemática…

En la revista catalana “Art” publicada en octubre de aquel año por la Junta Municipal de Exposiciones de Barcelona, pueden verse reproducidas algunas de aquellas obras. “Evocación de Vitebsk”, “Evocación Azul de París desde Tossa” y “La Ventana de Tossa”, títulos, que al igual que su coetáneo y ya citado “Violinista celeste”, creo muy posible, se deban al notable pintor y tratadista de arte, el recordado maestro Rafael Bennet, quien frecuentó por aquellos días el trato con Chagall…”.

A su vez, Rafael Bennet decía en aquel entonces, refiriéndose a Chagall: “Él, que se sentía alejado de las teorías y de los sistemas buscaba la pureza y la coincidencia en las actitudes, en las emociones de las personas. Vino a Cataluña para pintar sus evocaciones de París o Vitebsk, pero también para conocer mejor su propio país”.

Marc Chagall - “El violinista celeste”- gouache s. papel – 52x65,5 - 1934.

Rafael Bennet lo clasificaba así entre los espíritus puros. Y decía además: “Paul Fierens ha dicho ya que Chagall era un ángel. De ángeles hay muy pocos en este mundo lleno de diablos de la pintura moderna. Porque es un ángel, Chagall ha entonado toda su obra de un optimismo radiante. No hay aquí ni la tan mencionada crueldad eslava ni introspección freudiana. Se puede decir, entonces, que Chagall desconoce la tristeza de los malvados. Pero este hombre tan sensible conoce la melancolía, para mayor escándalo de los cínicos y de los espíritus fuertes –pesados – de la tierra”.


Chagall en efecto, como se puede constatar “conoce la melancolía”, como se trasluce en sus temas, tratados de forma que algunos críticos definen su peculiar estilo como  medio naif. Las obras más características de Chagall se configuran a partir de la yuxtaposición de recuerdos de los lugares donde había vivido.

Chagall había estado en París y cuando retorna a su Bielorrusia natal, al explotar una nueva guerra franco-alemana, se encuentra con que los progroms que se sucedieron en Lituania habían expulsado de sus tierras a más de doscientos mil judíos, miles de los cuales acuden como refugiados a Vitebsk, donde él había pasado una infancia feliz.

La pintura más representativa de su estada en Cataluña es “La ventana de Tossa”, una ventana que se abre al recuerdo de su Vitebsk natal, ahora bajo el poder soviético. Rafael Bennet justificaba así su elección de Tossa: «Él, que siente la aguda necesidad de una patria y la añoranza más punzante de su pequeño pueblo de madera, no puede retornar. Por amor a Rusia ha venido a España. El fondo virgen de la gente de aquí, la crudeza del clima y de las costumbres lo han acercado a su tierra”. Rafael Bennet, que le atribuye con perspicacia un “fondo místico eslavo” y “un fondo profético de israelita”, una noche le va a oir decir “con aquella dulzura tan suya, pero con un punto de amargura: El mundo está vacío! Los hombres no se entienden! Han dejado a los profetas totalmente solos!...”

En 1974, se realizó una exposición de homenaje a Marc Chagall en el Museo de Tossa de Mar. La exposición estaba presidida por su guache “Violinista celeste”, conservado en el museo de la Vila Vella. Se reunieron obras de un puñado de artistas jóvenes, entre ellos Joan Cruspinera, Mario Bedini, Guerrero Medina, Norman Narotzky, B. Ansón y el escultor Manuel Álvarez. Entre otras cosas, a ellos era a quienes se refería el viejo maestro en la carta de gratitud que, desde St. Paul de Vence, envió al alcalde de Tossa, Sebastià Coris, y que llegó a tiempo para ser leída en el acto inaugural: “Apreciado señor alcalde: Muchas gracias por su atención. Guardo el mejor recuerdo de mi estancia en su pueblo con los poetas Supervielle, Michaux y los demás. Me es muy grato pensar que tengo amigos en el país de Cervantes y de Goya. Con mi cordial saludo. Marc Chagall”.

El año 1934 fue también el año en que otro gran pintor, André Masson (Balagny-Sur-Thérain, Francia, 1896 - París, 1987) se instaló en Tossa. Masson se pasó allí dos años, hasta el mes de diciembre de 1936. Según explicó, decidió exiliarse después de los disturbios fascistas y acabó refugiándose en un país que, al poco tiempo, se convirtió en fascista. Sin hacer caso de los sucesos de octubre y de la huelga general, en su correspondencia hablaba de las inquietudes, la gente, los viajes a pie, las lecturas y el trabajo realizado. Masson se sentía próximo a Cataluña, el color de sus cuadros fue cambiando y en sus telas se plasmaba el contacto íntimo que tenía con la naturaleza a través de las alegorías visuales.

Tossa fue el centro de operaciones donde se generaban los proyectos y los cuadros de Masson, porque, como él aseguraba, era éste un ambiente favorable a su trabajo. Entró en contacto con Zügel y otros alemanes que eran los que habría querido ver en Alemania.

Las fiestas populares, como la sardana o las corridas de toros, se convirtieron en las visiones y los bocetos de las obras realizadas entre 1935 y 1937, así como la observación de los insectos y su preocupación por la muerte, precisamente por vivir un momento político alejado de su manera de ser y del que no se podía desprender. Por eso, al inicio de la Guerra Civil Española, Masson se afilió a un sindicato anarquista y diseñó los banderines de las fuerzas alemanas e inglesas de las Brigadas Internacionales.

 

André Masson – “Corrida mitológica” – 1936 – Tinta y acuarela sobre papel -21x24,6- Museo Municipal de Tossa.

Las experiencias compartidas más importantes fueron con Georges Bataille (Billom, Francia, 1897 - Orleans, Francia, 1962), que llevaba a cabo estancias para trabajar con Masson. Bataille, el mes de mayo de 1935, acabó de escribir en Tossa ‘Le Bleu du ciel’, una novela inspirada en la insurrección de Barcelona. Su preocupación coincidía con lo que había vivido Masson y confluían los dos escenarios –el literario y el plástico– para reflexionar sobre el sol, la vida, el sacrificio y la muerte. Publicada el año 1957, con situaciones que tenían lugar en Barcelona, los críticos consideran que era un claro homenaje a su amigo. En ‘Aube à Montserrat’, Masson reflejó las experiencias vividas en Montserrat, sobre las que escribe Bataille. La figura del hombre acéfalo encima de la montaña y los poemas de Masson serían la base del manifiesto de Bataille para la revista de nueva creación ‘Acéphale’, que escribió durante su estancia de abril de 1936. El ser acéfalo contenía ‘dos obsesiones igualmente violentas’ y era una de las complicidades entre el pintor y el escritor. Durante estos dos años de Tossa se consolidaron dos viejos proyectos como ‘Sacrifices’ (1936) –con los aguafuertes de

Masson y las palabras de Bataille– y ‘Minotaure’ (1933), revista y título dado por ambos, donde emergía la mirada coincidente hacia Nietzsche.

Entre los acontecimientos que marcaron la estancia de Masson en Tossa, cabe citar el nacimiento de sus dos hijos.

Destaca una pequeña y deliciosa crónica explicada por Miguel Utrillo y publicada en El Día Gráfico (20/IX/1935), durante un paseo con Josep Pla por Tossa donde constataron que por “cada sardina que pasa hay doscientos pintores que se quedan”.

Fred Uhlman que nació en Stuttgart, Alemania, en 1901, fue un escritor y pintor de origen judío. Abogado de profesión ejerció en Alemania hasta que tuvo que abandonar el país por miedo a la persecución del régimen nazi, cruzando la frontera con Francia en 1933. Llega a París donde su titulación como abogado no le es de utilidad y se dedica a la pintura para sobrevivir. Luego de tres años de exilio en Francia y en medio de fuertes penalidades económicas, Uhlman se traslada a España. El 1º de abril de 1936 llega a Tossa, donde pasa un período de tiempo, allí le sorprendió el estallido de la guerra civil.

Se había conocido en Stuttgart con Zügel, que lo invita a su casa y allí se hospeda durante un tiempo. En Tossa, Uhlman conoció a una turista inglesa, Diana Croft, con la que se casaría, ya en Londres, en setiembre de 1936.

El poco tiempo que vivió en Tossa le sirvió para reencontrar viejos amigos. Uhlman paseaba, pintaba y frecuentaba el bar de Marcus. Fue entonces testigo de los primeros acontecimientos que sucedieron con motivo de la Guerra Civil, cosa que le causó una fuerte impresión y que luego relataría en alguno de sus libros.

Uhlman organizó el “Artist Refuge Comitte” en Londres para salvar a los artistas alemanes refugiados en Praga. Unos de los primeros en acogerse fueron Oskar Kokoschka, Kurt Schwitters y también Jonny Hertfield.

Debido a su origen alemán, Uhlman es recluido en un campo de prisioneros en la isla de Man durante 6 meses, por ser sospechoso de espionaje. Su obra más aclamada fue la novela titulada en castellano “Reencuentro”, de 1960 y prologada por Arthur Koestler, que se convirtió en un best-seller, escrita en un momento de su vida en el que él mismo reconocía haber fracasado como pintor. Si bien se trata de una novela, posee ciertos rasgos de carácter autobiográfico.

“Reencuentro” es una historia de amistad enmarcada en la Alemania nazi que tiene la virtud de saber denunciar esa terrible época. En la novela, Uhlman nos explica la relación de dos chicos en la Alemania que ve la llegada al poder de Adolf Hitler. Ellos se conocen en la escuela, ahora bien, mientras uno, Konrad, es de una familia aristocrática de Suabia (lo que hoy sería Baden-Württemberg y la provincia de Hohenzollem), el otro, Hans, es hijo de una familia judía. Los dos chicos vivirán al margen del enfrentamiento político del país, pero no así las familias, sobre todo la del primero, muy identificada con el nazismo y el antisemitismo. La situación es cada vez más tensa hasta que la familia judía decide enviar a su hijo a estudiar a Estados Unidos y protegerlo de la demencial escalada de tensión que se vivió en Alemania a partir de 1933. Así es que los amigos van a separarse a causa de la guerra. La novela es un flash-back que explica Hans 30 años después. Años más tarde, el primero, ya convertido en hombre descubre que su amigo alemán va a morir no sólo defendiendo a los judíos, sino también a la democracia. La segunda parte de esta novela se llamó “Un alma valerosa”.

Poco antes de morir en 1985, Uhlman publica su autobiografía que en inglés se tituló “The Making of an Englishman” y luego editada en España en año 2000 con el título “Brilla el sol en París”. En unos de los pasajes, Uhlman nos detalla su llegada a Tossa huyendo de los nazis y también nos explica detalles cotidianos de la pequeña población marinera.

Las obras de Uhlman, editadas en castellano fueron; “Reencuentro” (1960), “Un alma valerosa” (1996), “El retorno” (1997) y “Brilla el sol en París” (2000).

En realidad, es una enorme pléyade de creadores extranjeros los que llegaron en los años treinta, sin contar el importante número de artistas, escritores e intelectuales de la tierra cuyas vidas se entrecruzaron con aquellos. En la seguridad de dejar de mencionar a muchos de ellos, citaremos sólo como ejemplo a algunos: el matrimonio del pintor Roger Wild y la dibujante Germaine Labaye, el pintor Albert Marquet y su esposa Marcelle, el fauve aleman T. W. Schülein; el surrealista inglés Stanley W. Hayter, los críticos Florent Fels y Georges Charensol, el pintor Oswald Petersen, la escultora ucraniana Madame Dem, el joven pintor Christian Caillard y el pintor surrealista Kurt Seligman.

También van a vivir en Tossa los arquitectos Alf Ballmüller y Henri Mullender, el pintor turco de origen judeo-español Gerassi, el dibujante y pintor escocés de origen filipino Ian McNab, “director de The Grosvenor School of Modern Art de Londres”, el caricaturista Jan Effels, la famosa escultora y ceramista polaca Mika Mikoum, el pintor japonés Tadashi Kaminagaï, el poeta armenio Constant Zarian, el decorador y escenógrafo Friedrich Lewy y el pintor Peter Janssen.

Toda esa gente que llegó a Tossa desilusionada y frustrada por la marcha política de Europa, se encontró en medio de una trágica guerra civil, que empujó a muchos de ellos a huir nuevamente. Entre los que se quedaron, en su mayoría participaron y lucharon activamente a favor de la República. Algunos se dirigieron a América y no pocos murieron en campos de concentración.


El 1 de setiembre de 1935 es un momento de suma importancia en esta historia. Ese día es inaugurado el Museo Municipal de Tossa de Mar, diez meses antes del inicio de la Guerra Civil. El Museo, como dijimos anteriormente, se funda por iniciativa de un grupo de intelectuales que vivían en Tossa, entre los que se encontraba el escultor Enric Casanovas, los pintores catalanes Rafael Bennet, Pere Créixams y Lola Bech, el checo George Kars y el arqueólogo Albert del Castillo. Se trata de uno de los museos de arte contemporáneo más antiguo de todo el Estado español. El mismo nació con la finalidad de recoger el testigo de artistas de todas partes que habían hecho de Tossa motivo de inspiración de su obra.

Entrada de Museo Municipal de Tossa y una de sus salas interiores.

El edifico que ocupa el museo es la denominada Casa Falguera, también conocida como la casa del Batlle de Sac o cal Governador ya que fue el palacio del gobernador de la villa. Se trata de un edificio de estilo gótico situado justo en medio del recinto amurallado de la villa vieja, desde donde se puede disfrutar de la vista de la majestuosa torre del homenaje y de la playa de Es Codolar.

Respecto al arte contemporáneo, encontramos pinturas de autores catalanes como Emili Armengol, Lola Bech, Rafael Bennet, Joan Brull, Ricard Canals, Pere Créixams, Emili Grau-Sala, Jaume Mercadé, Josep Palau o Joaquim Sunyer, y extranjeros como Georges André Klein, André Masson, Jean Metzinger, Olga Sacharoff, Julius W. Schülein, Oskar Zügel y George Kars. De éste último destacamos sus obras “La inglesa” y el “Retrato de Nora Kars”.

No obstante, la pieza más emblemática de la colección es el cuadro “El violinista celeste”, de Marc Chagall, que hoy, en un pequeño homenaje, se encuentra acompañado por la correspondencia que Chagall mantuvo con el ex alcalde Sebastià Coris.

En escultura podemos apreciar obras de Enric Casanovas, Manolo Hugué, Josep Clarà y Josep María Subirachs. Por último, hay que mencionar también la colección de cristal del siglo XVIII. Pero el museo no sólo reúne obras del siglo XX, sino que también exhibe los hallazgos arqueológicos procedentes de la villa romana de los Atmellers, descubierta por el doctor Ignasi Melé en 1914.

Lamentablemente el estallido de la Guerra Civil Española y posteriormente la Segunda Guerra Mundial truncaron lo que se preveía un futuro espléndido para el Museo. Después de una primera rehabilitación hace ya bastante tiempo y la ampliación del edificio, se triplicó el espacio expositivo. Partiendo de una colección inicial, como testigo de la época histórica que comentamos se han ido incorporando algunas otras obras más actuales como las de Francesc Serra, Manolo Hugué, Albertí, Oakes, Rickenbacher, Subirachs y Chillida. Sin duda, para la eficiente funcionalidad de un museo continente y contenido son fundamentales.

Es evidente que uno de los males de nuestras instituciones culturales en la actualidad es la falta de presupuestos adecuados, que posibiliten programar actividades de acuerdo a un proyecto museístico acorde con las exigencias actuales. No obstante este inconveniente, el museo ha podido organizar diferentes exposiciones históricas, como las de J.M.Sucre, Pere Créixams, Olga Sacharoff, Georges Kars y André Masson.

A pesar de ello, pensamos que un museo actual, además de ser un testigo del pasado se debe referir al presente y proyectarse al futuro. Como tal, debe ser un espacio de reflexión, de pensamiento, ello con el objetivo de educar, de sensibilizar, de ofrecer un entorno de aprendizaje, de acercar e interesar al público desacralizando la imagen que a través de los años ha proyectado este tipo de institución. En definitiva, un ente vivo que sea agente de socialización y comunicación para las personas, sin ningún tipo de distinción. El Museo Municipal de Tossa tiene las bases necesarias para cumplir ampliamente con esas funciones.

Hoy, de aquella época de efervescencia cultural, sólo quedan el Museo, la casa donde vivió Georges Kars, los jardines de la casa de Oskar Zügel y algunas calles con los nombres de artistas que allí vivieron y soñaron. Fue ése un momento que lamentablemente no se ha vuelto a producir, a pesar de que algunos de esos artistas volvieron a Tossa no bien terminó la Guerra Civil.

Como escribió Josep María Ainaud de Lasarte en el catálogo de “La tranquilidad perdida”; “Cuando el 5 de febrero de 1939 llegaron las tropas fascistas del general Franco, “las flechas azules”, aquel “paradis bleu” de Chagall y aquel “Babel de les Arts” de Rafael Bennet nada más eran un recuerdo medio borroso en el tiempo.

 

Biliografía relacionada y páginas webs consultadas

Berlín>Londres>París>Tossa… La tranquil.litat perduda. Libro, catálogo editado en el 2007 por la Fundación Caixa Girona.

Con los siguientes textos y autores:
“Una doble mirada per descubrir Tossa”: Arcadi Calzada i Salavedra.
“A Tossa per Berlín, Londres i París”: Glòria Bosch i Susanna Portell.
Cronología I autors: Glòria Bosch i Susanna Portell.
“1936: Tossa am hulls d’infant”: Josep María Ainaud de Lasarte.
“Matemátics i cubistes, Amics i familiars de Juan Griss a Tossa de Mar, 1916-2007”: Ana González Batiste-Alentorn.
“Pere Créixams i els amics de París”: Anaïs Bonnel.
“Tossa de Mar, Dora Maar i Bataille”: Victoria Combalía.
“Fred Uhlman i la Guerra Civil Espanyola”: Anna Müller-Härlin.
“Quadre-Destí de Oskar Zügel” 1934-36: Destrucció de la ciutat de Stuttgart/Justicia vencedora/Caiguda de la mala estrella Hitler”: Katia y Gotthard Zügel.

Un hotel a la costa: Tossa de Mar 1933-1939: Tusquet Editorial- feb. 2011- en catalán. El original en inglés, Hotel in Spain fue publicado por Longsmans, Green and Co., N.York, 1938.
Le bleu du ciel: Georges Bataille. En francés. Editorial Gallimard, publicado el 4.6.1991.
Reencuentro: Fred Uhlman. En castellano. Tusquet Editorial, 1996.
Brilla el sol en París: Fred Uhlman. En castellano.Cuadernos del Bronce, 2000.

 

http://www.lavanguardia.com/cultura/20110311/54125617700/testimonio-ingles-de-la-primera-costa-brava.html

http://cultura.catalunya.com/es/detall.php?id=17_16001_161&menuId=112

http://tossapeticompeti.blogspot.com/2008/11/george-kars.html

http://www.revistadegirona.cat/recursos/2000/0203_052.pdf

http://www.gallery.ca/english/library/biblio/ngc032.html

http://www.esferallibres.com/pdfs/emporda.pdf

http://mov-memoria.blogspot.com/search/label/Tossa

http://www.dhm.de/lemo/forum/kollektives_gedaechtnis/210/

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Artistas Judios en Tossa de Mar