Nuestros voluntarios

Carta del presidente de Tarbut Lucena

FERNANDO CARBONELL

Querido Mario Sabán, al fin tengo el primer momento para contestarle a su maravilloso ofrecimiento de presidir Tarbut Lucena.
Por muchas razones, todas muy subjetivas y poéticas, algunas oníricas, otras quizá astrales, todas muy cordiales, el asunto me parece encajar de forma bella y misteriosa.
Sin embargo, desde puntos de vista más físicos y prácticos, creo que hay muchos inconvenientes, que paso a exponer: Yo soy nacido en Córdoba capital. Me siento muy cordobés y mi familia, mi madre y amigos allí viven.

Voy con frecuencia. Pero dejé de vivir allí a los 16 años al ir a la Universidad.

Lucena está muy dentro de mi corazón e infancia, tengo muy dentro sus más elementales sensaciones, pues por aquellos campos mi familia tenía olivos con molino de aceite, y yo iba a pasar temporadas.

De Lucena era la mujer que me crió, cocinera, Joaquina Sabán, sabia analfabeta con inconmensurables cultura popular, sentido de la justicia y generosidad. Desde siempre, antes y después de morir, la he tenido por más que pariente, por madre y maestra. No teníamos parentesco carnal. Hace muy poco, que he sabido que su apellido es judío. Por  todo eso, y por otros detalles que allí expongo, le está dedicada mi conferencia cantada La Luna en Lucena, situada en una cocina sefardí.
No soy judío. Supongo que soy católico, al menos por educación. Digo “supongo” porque algunas autoridades católicas muy liberales quizá me considerarían tal, pero otras no, pues no practico puntualmente todos los preceptos y mi posición frente a los dogmas es, diríamos, “escéptica”.

No soy amigo de definiciones ni pronunciamientos religiosos solemnes, pues nada más abrir la boca siento, como decía Luria, los diques y los cauces desbordarse. Me he descubierto últimamente heredero del “escepticismo sefardí”. Que no es, creo, frialdad religiosa, ni intelectual, ni afectiva: sino una aceptación apasionada, y muy judía, de la vida, que pasa a nuestro lado, en todo su valor… valor, eso sí, relativo, en comparación con lo verdaderamente importante, lo que nos lleva, aún y siempre más allá, imposible de definir y que no se debe nombrar.

Quiero aceptar todo lo que cualquier religión, pensamiento o acción tenga que en esa dirección pueda ir, pues, como nos enseña la Cábala, hasta en lo malo hay mucho de bueno y eterno.

Por eso, no tengo inconveniente, sino todo lo contrario, en participar en una asociación projudía, donde mi presencia, siempre profundamente respetuosa con las ortodoxias, que cumplen un papel que creo necesario, testimoniaría mi creencia en que los caminos del espíritu, e incluso del judaísmo, van más allá del judaísmo…

Siento el parentesco judío que como español, y doblemente, como andaluz, pueda tener, que resuena en nuestra cultura por todas partes. Eso me pasó hace poco, en las calles de Toledo, junto al convento donde Teresa de Ahumada empezó a escribir, cantando yo canciones sefardíes para Radio France.

Después de Córdoba, he vivido en Sevilla, Tenerife, Boston, Barcelona, Baeza, Antequera, y vivo en Madrid desde hace 28 años. He sido profesor de Universidad y después de Enseñanza Secundaria. Soy doctor en Filosofía por la Universidad Complutense. He participado y organizado desde mi adolescencia, en empresas y actividades culturales. He dado conferencias y publicado sobre filosofía, pintura, música y política. Actualmente, soy miembro fundador de una asociación alternativa de artistas y pensadores, en Madrid.

Dentro de un año, pediré la jubilación anticipada y estaré más libre para viajar. A Córdoba o a Lucena, por ejemplo. O a Jerusalén.

Por último, si todas esas razones no son inconvenientes para presidir Tarbut Lucena, debería saber mis deberes, para hacerme idea de si podría eficientemente cumplirlos.

Sin más que añadir, reciba un gran abrazo. Shalom.

Fernando Carbonell
11 de julio de 2009