TERUEL

Presentación de Teruel


Publicada por el Instituto de Estudios Turolenses, al número 23 de la serie Cartillas Turolenses cuyo autor es D. Miguel Ángel Motis Dolader, con el título "Los judíos de Teruel en la Edad Media", se encuentra condensada la historia de nuestros mayores por esta parte de la geografía hispana, muy similar al resto del conjunto de sus correligionarios en todo el ámbito peninsular.

No existe tratamiento escrito ni restos bibliográficos que nombren a los judíos en este lugar dependiente del Califato de Córdoba, bajo dominación musulmana. Se supone que tendrían la condición de protegidos o “dhimmis” y que podrían practicar libremente su religión. La aldea de Tirwal enclavada en el camino que unía las ciudades y los califatos de Córdoba y Zaragoza, fue citada en las crónicas de Ibn Hayyán en el siglo X y sería dotada por el Rey Alfonso II, en 1177, de una carta de población.

Debido al carácter de zona fronteriza, de la presencia musulmana constante y del riesgo de exposición a la guerra, las Cartas Pueblas buscan un marco jurídico igualitario, para atraer población. Sin embargo la aparición de los judíos y de la población mudéjar en Teruel se hizo tardíamente, con la expansión de la ciudad hacia el Arrabal, en cuyas estribaciones se encuentra la Plaza de la Judería, cuyas fotografías en esta página indican la ubicación geográfica y estado actual. Sin embargo en la aparición del Fuero de Teruel, muy similar y de un contenido afín al Fuero de Cuenca, ampliamente estudiado en Derecho, del que se opina tuvieron el mismo autor o autores, el trato igualitario desaparece. En la codificación foral ya toman carta las distinciones, limitaciones y cargas de la comunidad judía para con la cristiana. Dichas variaciones conllevan el cambio de consideración de los judíos, que de ser parte y patrimonio del Rey, “de formar parte del palacio real”, nada más ocupar la plaza de Teruel, a ser reos de interdicción por practicar su fe en el momento de su expulsión, en 1492, por el Edicto de los Reyes Católicos.

Por todos esos motivos, el carácter infamante de pertenecer a la comunidad judía, unido al poder omnímodo que la Iglesia empezaba a ejercer, hicieron que la vida de los judíos estuviera muy limitada a unas parcelas muy marginales, que el resto de la población cristiana no quería llevar a cabo. No es de extrañar, por ello, que la primera noticia que se tiene de un judío es de Jusef de Faro, en 1270, por el homicidio del mudéjar Avdalla. No obstante seis años antes, en 1264, la comunidad judía ya aparece citada por habérsele impuesto una tributación de 968 sueldos para costear un viaje del Rey Jaime I de Aragón a Lyon.

Cercano el epílogo para la presencia israelita en la Península Ibérica, en el siglo XIV se incrementan las tensiones debido a la conflictividad social que se ensaña con los sectores más débiles, como era el caso de los judíos. El vacío de poder, las continuas crisis bélicas con el Islam, la peste y las predicaciones incendiarias del clero católico, sobre todo las emprendidas por el arcediano de Écija en 1391, que hacen estallar continuos tumultos antijudíos, son causa que la población hebrea vaya menguando paulatinamente y sus aljamas sean asaltadas sistemática e impunemente.

Durante el Cuatrocientos, la sensación de indefensión y el miedo hacen que por parte judía, auspiciada por Vicente Ferrer, aparezcan y se den unas conversiones totalmente insinceras, pasando el problema judío a ser el problema de los conversos. Este clima enrarecido de disturbios religiosos, de guerra abierta contra los judíos y la tolerancia de la violencia hacia las minorías, es un caldo de cultivo que auspicia la aparición de los Tribunales de la Inquisición, del Santo Oficio, tribunales religiosos que instituyeron los Reyes Católicos en 1478, con el beneplácito de Roma. A partir de ese momento y hasta la expulsión, la situación de la comunidad israelita no hizo sino empeorar, hasta su exterminio, desaparición y extinción total. En Teruel, por problemas técnico jurídicos, los Tribunales del Santo Oficio no hicieron su aparición hasta algo más tarde que en el resto de la Península, pero una vez constituido, su labor fue tan demoledora y tan devastadora como en el resto de la nación que entonces se estaba constituyendo. A partir de esa fecha, de 1492, no se puede hablar de una vida comunitaria judía, de unas aljamas o núcleos de población judíos. Sólo en la Constitución escrita en 1869, tras la llamada Revolución Gloriosa de 1868, se separa el concepto de español con el de católico, durante el trienio liberal que fue vigente el citado cuerpo jurídico. Hasta 1978 no dejó de ser España un estado confesionalmente católico y la libertad de culto no existió plenamente.

Sólo queda de ese periodo de conflicto abierto, de confrontación multicultural, de intolerancia, que ahora algunos quieren ver como de convivencia entre tres culturas, en el trazado de la ciudad de Teruel, el barrio donde vivían los judíos. La judería. Inicialmente no fue un espacio segregado, hasta el siglo XV, sino que la población tendía a concentrarse en áreas concretas. El callejero se incorpora al área construida de la vivienda, y cada uno de los vecinos tiene servidumbre de paso, respondiendo al sistema arterial donde las parcelas tienen dimensiones reducidas, formas irregulares y más profundidad que anchura de fachada. La judería de Teruel no tenía un espacio abierto, sino que estaba cerrado por una puerta que daba a la actual calle de Ambeles que existe en la actualidad. No se conoce su entramado urbano, salvo que la Plaza de la Judería era el epicentro de la aljama en ese entonces.

En los años ochenta aparecieron restos arquitectónicos y cerámicos, así como instrumentos de culto en el subsuelo de la actual Plaza de la Judería. En un principio fueron fotografiados, tal y como figura en la imagen recogida en esta página, para volver a ser enterrados. Se hicieron estudios arqueológicos y el Director del Museo emitió un informe desfavorable a la restauración y recuperación de los restos, por considerarlos muy pobres para lo que debía de ser considerado un lugar de estudio, encuentro o sinagoga hebreas, a pesar de haber hallado allí una lámpara usada en Hanuká que es muy solicitada por otros museos y que siempre está en exposiciones internacionales, así como la columna o pilar que figura en las sinagogas y que allí quedó sepultada. A finales de los años noventa, con un nuevo impulso económico y un plan de remodelación de la ciudad, se intentó volver a sacar los restos de la Judería. Se pidió informe a Patrimonio, pero, ay, cosas del destino, o de la política, la persona que ocupaba el cargo en Patrimonio era la misma que fue Director del Museo y que dio un informe negativo. Çe la vie. Nos quedamos sin conocer cómo era el pasado de nuestros antepasados, de nuestros correligionarios. Fue la guinda de una historia de desencuentros que dura no sé los siglos. Adjunto hallarán artículos periodísticos que ilustran estos hechos ahora comentados.