TERUEL

Emotiva carta al abuelo de un descendiente de criptojudíos que ha retornado

Carlos Casado, presidente de Tarbut Teruel, descendiente de criptojudíos, nos envía esta emotiva carta a su difunto abuelo; fue la persona que le enseñó, en secreto, el judaísmo. La escribe tras haber regresado, recientemente, a la fe de sus antepasados, a través de la conversión al judaísmo. Es una muestra más de la existencia de un criptojudaísmo activo en la España del siglo XX e incluso hoy día.

 

Apreciado abuelo:

Ayer fue el primer día del resto de mi vida. No es que los demás días fueran menos importantes, menos necesarios, menos sentidos. Todo ha sido importante. Con la ayuda de Dios, he podido dar un paso trascendental para mi persona, como también deseo que lo fuese para mis ascendientes y descendientes lineales. Como sucede siempre he tenido la suerte del novato. Nadie en este mundo merecería esta dignidad, este honor sino usted mismo, que tanto me amparó, cuidó y educó en mi infancia, hasta los primeros años de adolescencia. Ya sé que usted no era dado a la afectación, ni a la alabanza gratuita, ni a la autocontemplación, ni a cualquier manifestación lisonjera. Me acuerdo de ello como si lo estuviera viendo ahora mismo. Dentro de poco hará cuarenta años que nos dejó y, sin embargo, es uno de los hechos más vívidos, perdurables y memorables que me quedan de esta vida.

Su presencia, junto con la de mi padre, ha sido providencial y la importancia de ambos ha ido más allá de cualquier vivencia posible, si bien no es menos cierto que con usted podía hablar de más temas que con el resto de parientes, allegados y amigos. Sólo fue usted quien me propuso llevar a cabo la circuncisión, para estar ligado al pacto que Adonai hizo con su pueblo. También me pidió que intentara hacer más sólida dicha unión. Sólo fue usted a quien podía preguntar sobre lo divino y lo humano con total libertad, un hecho que molestaba a muchos miembros de nuestra familia que sustentaban que el abuelo metía pájaros en la cabeza al nieto, lo hacía divagar y perturbaba en su percepción de las cosas.

Todos pensaban que cuando usted faltara dejaría de hacer preguntas inverosímiles y mis especulaciones cesarían de un modo definitivo. Es verdad que dejé de hacer preguntas y que sólo obtenía malas caras si quería consultar algún tema relacionado con la familia, con sus creencias y su entorno. Allí cesó la vida familiar. Allí dejó el contacto mutuo de ser fluido. Allí se manifestó una separación que todavía pervive. Pero por mi parte continué mi búsqueda, intentando buscar respuestas, intentando ligar cabos, intentando comprender lo sucedido, intentando remendar el pasado.

Hace unos años, de forma sorpresiva, uno de los descendientes de los exiliados de nuestra ciudad natal, Zaragoza, creó con éxito una organización dedicada a la difusión, desarrollo y amistad con la cultura judía. Qué puedo decirle, abuelo, lo que supuso para este servidor suyo. Un ciego no quiere más que vista. Pero, aún dentro de cualquier expectativa que pudiera forjarme, nunca pensé que los hechos fueran a ser tan fructíferos como lo han sido en realidad.

Este amigo conoce la actualidad del mundo judío, ese del que usted y yo escuchábamos noticias por la radio, cuando ocurrió la Guerra de los Seis Días y contemplábamos lo mucho que había cambiado desde que aparecía reflejado en el Libro y, sin embargo, en Israel se nota la mano y la presencia divina en toda Su Magnificencia. Ese amigo conocía de la división y corrientes que existen en el judaísmo. Fíjese abuelo, para nosotros, nosotros mismos éramos los judíos en el barrio, cosa que a veces nos recordaban a grandes voces nuestros vecinos. Pues bien, para el resto que vivía fuera del barrio, nosotros no éramos judíos. Me lo podían haber dicho antes, porque muchos de los chavales que me llamaban marrano cuando era chico, podía haberles explicado que mi grado de judeidad era soportable debido a que nadie más que ellos me consideraba judío. Seguramente algo hubiera cambiado en ellos, como también si se lo hubieran dicho a los guardianes de los campos de exterminio alemanes en algún caso parecido. Igual si les hubieran dicho que a quienes iban a matar eran personas antes que judíos, los mismos centinelas se hubieran cuadrado y hubieran dicho: disculpen mi error y los hubieran dejado ir.

Ayer fue el primer día del resto de mi vida. En la mikve cuyos límites orientales son la tierra de Israel, se culminó mi solicitud de incorporación al pacto entre nuestro Adonai, el Rey del Universo y Creador del Mundo y de toda la Humanidad, Bendito Sea Su Nombre y este servidor y nieto suyo. Nunca he podido pedir más a la vida. Nunca me ha dado tanto como me dio ayer, frente a los oficiantes y testigos junto a mis compañeros de retorno. Estaba mi amigo, el descendiente de exiliados de Zaragoza y el Rabino que vino de muy lejos a servirnos y que sabe de nuestras limitaciones, de nuestras necesidades y de nuestra desesperación en la búsqueda de nosotros mismos y en conocer el servicio que se espera de nuestras almas. Que Dios lo bendiga. Que Dios bendiga a ambos.

Ayer fue el día primero del resto de mi vida. Me llegó antes que a nuestro Patriarca Abraham, que selló el pacto a los noventa y nueve años. He sido un afortunado. Con cincuenta y tres años, cuarenta y seis antes de los que tenía el Patriarca Abraham cuando pudo llevarlo a cabo, he podido testificar y representar mi propia vuelta, junto con la de mis compañeros, al seno de la verdadera fe, de la religión de nuestros ancestros, cuyo principal y único profeta ha sido el más grande y mayor de todos los tiempos, Moisés.

He tenido suerte, abuelo. He sido un afortunado. Quiero ser digno de poder mantener este designio y testimoniar lo mucho que has hecho por mí. Quiero dedicar en honor a tu memoria todo lo bueno que haya podido hacer en esta vida, siendo imputables a este humilde servidor y nieto tuyos los errores y equivocaciones. Con bendiciones para todos los que han hecho posible este salto, este avance, me suscribo.

Shalom.