POLAN/TOLEDO

Exposición de dibujos y esculturas de Jacques Lipchitz

BARCELONA. Hasta fines de febrero.
La galería Oriol de Barcelona (Provenza, 294) ofrece hasta finales de febrero un conjunto muy interesante de esculturas y dibujos de este escultor judío, uno de los máximos exponentes de la escultura mundial en el siglo XX. Santiago Raigorodsk, director de nuestra sección de Arte Judío, nos recomienda la exposición: "Lipchitz es un gran escultor judío y, aunque esta muestra no es muy significativa, creo que merece la pena visitarla".

ELPERIODICO.COM| 05.02.2010

La fuerza telúrica de Jacques Lipchitz

JOSEP MARIA CADENA
Nacido en Druskieniki, Lituania, el 22 de agosto de 1891 y fallecido en la isla de Capri el 27 de mayo de 1973, Jacques Lipchitz, ruso hasta 1924 en que accedió a la nacionalidad francesa y luego norteamericano desde 1958, es uno de los máximos exponentes de la escultura mundial en el siglo XX. Amigo de cubistas como Picasso, Braque y Gris, se adscribió a aquel movimiento plástico, pero fue mucho más. Ahora, hasta final de febrero, la galería Oriol de Barcelona (Provenza, 294) ofrece un conjunto muy interesante de esculturas y dibujos. No están todos los que en principio presentaba porque ha ido a ferias y ha vendido (¡albricias!), pero todos figuran en el buen catálogo que ha editado. Y aún se pueden ver algunas piezas (dibujos y esculturas), que establecen la fuerza genética de un artista que se introdujo a fondo en la fuerza de la materia y encontró en el gesto espontáneo y en el nervio de los seres vivos la manera de expresar cómo somos los humanos.

Pienso que Lipchitz es un personaje que ha de crecer con el tiempo. Ahora ya es importante para los entendidos en materia del arte, pero ha de llegar a más porque no se entretiene en la apariencia de las formas, sino que penetra en ellas para explicar las reacciones vitales y anímicas de los seres vivos.

Cuando se recuerda, gracias a esta exposición, que Lipchitz supo ser auténtico en momentos en que los creativos hacían arquetipos a los que los artistas habían de adscribirse para ser considerados como tales, pienso que nos dejó un ejemplo al que hemos de atender para ser auténticamente libres.

Para mí, esta exposición es la demostración de que hemos de meternos en nosotros mismos para conseguir que las carnes, los nervios y todas las vísceras, igual que los órganos, funcionen al unísono para encontrar nuevas (o viejas, eternas) formas de expresión de lo que llevamos dentro. No pienso que fuera un ser angelical; al contrario, era muy terreno, pero sabía expresar lo que había de cierto en todas las actividades de la sociedad que le envolvía y que, poco más o menos, es la que aún tenemos. Y ello se advierte no solo en sus esculturas, sino en los dibujos preparatorios y en otros que expresan situaciones anímicas que varían según el momento.

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