Tribuna

El ascenso de la luz

Artículo de Malka González Bayo sobre la nueva espiritualidad, publicado en La Vanguardia.  27/12/2005.


Si contemplamos tanto el crepúsculo como el amanecer, pareciera que la noche lucha por su existencia contra la luz, mientras que el alba irrumpe en la oscuridad en un instante que todo lo ilumina. La luz por poca que sea, ES, en cuanto emerge. “Hágase la luz, y la Luz fue”..., ¿cómo podríamos ver si no la realidad? Y si, como dijo Goethe, “el ojo no fuera de esencia solar”, ¿cómo podría ver a su vez la Luz?... La misma realidad, para existir, se entrega a la luz y se inscribe en ella en un permanente dar-se a Luz ya sea del ser o de la idea...

La luz es, a su vez, metáfora de la cualidad de la visión, de la conciencia, de la esperanza y de la libertad, y la celebramos estos días ya sea como un niño Mesías divinizado -recuerdo quizás o anámnesis arquetípica de nuestras almas primordiales en el mundo lumínico-, mientras que, en los mismos días navideños, la fiesta judía de Januká celebra el primer triunfo de la libertad religiosa, y comparte también esa luz de la conciencia espiritual encendiendo cada día una vela más en el candelabro de ocho brazos, en recuerdo de que el Templo pudo mantener su luz incontaminada a lo largo de ocho días a partir de una pequeña lamparilla, liberando así el Templo del dominio griego y recordándonos que la luz puede vencer poco a poco a la oscuridad si somos capaces de encargarnos de ella, de cuidarla y sostenerla. Se requiere mucha conciencia activa para custodiar la luz de los templos, quizás la misma que se requiere para vincular nuestro corazón a la luz ascendente del solsticio de invierno.

Pero nuestro mundo parece estar aprisionado en ese lado sombra de la realidad que, luchando contra la esperanza del Bien, hace su presencia en las noticias diarias que ponen de manifiesto el horror sin salida. Las pulsiones arcaicas forman parte de la encrucijada donde se desarrolla cada día el conflicto ético en la decisión de ser humano, y la esperanza mesiánica no parece fácil de sostener para nadie en medio de tanta tragedia social recurrente.

Somos hijos de la penumbra, inscritos en el umbral donde se cruzan la oscuridad y la luz. Una y otra constituyen nuestra urdimbre psíquica. Sin embargo, esa luz interior de la que somos portadores es capaz también de iluminar esos lugares oscuros donde habitan el desamor, la intolerancia, la injusticia, el dolor, la ignorancia y la violencia. En la historia, parece que la noche y el exilio no acaban nunca y que el Mesías no ha aparecido, o, aún peor, ha fracasado, pero en muchas ocasiones el alma humana realiza verdaderos ascensos del alba que desgraciadamente quedan ocultos a los ojos de la realidad. Son nuestros pequeños solsticios de invierno cuando la luz, luchando contra la oscuridad, le arrebata su hegemonía, como la pequeña llama en el templo, como el triunfo de la libertad de la conciencia sobre las tiranías culturales que tratan de asimilamos en sus globalizadas imposiciones...

Día a día construimos nuestra humanidad, encendemos nuestro templo y compartimos nuestras luces intentando sostener el mundo... Quizás como decía el poeta Angelus Silesius, ¡el esperado Mesías podría nacer al fin en nosotros y no en Belén! No sólo para no perdernos nosotros, sino para no perder el mundo... Quizá, ¿por qué no?, alguna vez lo hagamos realidad.

MALKA GONZÁLEZ BAYO
, psicóloga analista. Docente en el master de Psicología Analítica en la Universitat Ramon LIull. Fundadora de Umbral-Red de Asistencia Psicológica.