Tribuna

La paradoja del pueblo elegido

 Relato que pertenece al libro “mas allá del versículo” del rabino Eliahu Birnbaum, libro que es un espejo de la tradición hebrea de nuestro tiempo.
Mucho se ha escrito sobre la idea de Israel como pueblo elegido. En cada generación y hasta la época actual, esta idea ha sido objeto de diferentes reflexiones. Algunas veces por discrepancia, otras por evasión; algunas veces por identificación entusiasta, y muchas, por la misión encomendada a toda la humanidad. Evidentemente, el tema tuvo explicaciones cósmicas, históricas, biológicas y espirituales, filosóficas, y cabalísticas. En las distintas corrientes del pensamiento judío existen enfoques que intentan describir la posición especial que caracteriza al pueblo de Israel y lo corona como un pueblo virtuoso y elegido.


Hay quienes argumentan que la peculiaridad del pueblo de ISRAEL emerge de una virtud que no existe en personas no judías. Parecería que ésta orientación plantea como algo especial la naturaleza del individuo judío, quien, sin mucho esfuerzo ni acciones especiales, al nacer dentro del pueblo judío, goza de cualidades distintivas. Otros dicen que la peculiaridad del pueblo de Israel está en la dimensión empírica, pues el destino del pueblo judío es singular, y no existe ningún tipo de analogía entre él y otras naciones. Mas lo particular del pueblo judío reside en su historia, que parece ser extraña ante los ojos de la historia de la humanidad.

Hay quienes ven la esencia del pueblo elegido en contenidos, valores y obligaciones que trascienden con su creencia. Según esta orientación, no existe ninguna peculiaridad en la naturaleza del pueblo, sino que reside en su vida y en su fe.

Otros opinan que sólo después de cumplir con su misión redentora, el pueblo judío podrá asumir su condición de pueblo elegido. El pueblo de Israel, aun en el caso de ser el pueblo elegido, debe ponerse a prueba, porque su elección no es predestinada, sino que, de acuerdo con esta postura, deberá lograrlo por sus méritos.

Lo que queda claro, por sobre todo, es que la elección del pueblo judío no responde a pautas de carácter biológico.

Lo particular del pueblo de Israel radica en la necesidad de entender que Dios lo escogió para liberarlo del yugo en Egipto, le entregó las tablas de la ley y le dio morada en la tierra de promisión. Estos argumentos ratifican la causa de elección y disposición de la providencia hacia el pueblo de Israel entre todos los pueblos del mundo.

Así como leemos, no fue por su demasía ni por su saber extraordinario, ni por su virtud innata o histórica que fue señalado entre otros, sino por amor, el amor que ofrece una respuesta al amor Divino. Abraham, Itjak y Yaacov fueron devotos de Dios, y se encaminaron detrás de el ;por eso Dios firmó un pacto con ellos y prometió distinguir a sus descendientes.

Elección y preferencia son una elección de amor que impone amor.

En la Biblia no se observan ensalzamientos por parte de Dios hacia el pueblo judío; más bien, las críticas más duras y los enfados más enconados acompañan los hechos que así lo ameritan.

La identificación clásica alega que el pueblo judío fue escogido por su religión y su cultura; pero, por sobre todo, por su identidad nacional. La integración de religión y nacionalidad confirman su existencia hasta nuestros días.

La acción suprema de Dios se evidencia en el hecho de que redimió a los judíos de la esclavitud, otorgándoles la Torá, para que se convirtieran en un pueblo venerable con función sacerdotal.

La cuestión que se refiere al influjo sobre otros pueblos, de la misión terrenal de los judíos, es un tema de constante discusión. ¿Cuál es el contenido de una unión y compromiso de tal magnitud? Realizarse como pueblo que llena un cometido histórico especial:”reinado de sacerdotes y pueblo consagrado”.
El pueblo Judío fue designado por Dios para redimir día a día la vida del hombre, cumpliendo por los mandatos Divinos, y celoso de su moral y de los preceptos de su pueblo.

El designio de predestinado está circunscrito a la condición de cumplir con los mandamientos y la voluntad Divina, poblando la tierra prometida, logrando seguridad, asegurando esplendor y prosperidad, con libertad y respeto hacia todos.

Dios, a través de su existencia, trasciende, influyendo en el ejercicio de las acciones que realiza el pueblo escogido, restringiendo sus actos a las prescripciones bíblicas que lo caracterizan. No está entre sus intenciones influir sobre otros pueblos.

Dios, en su omnipotencia, necesita de un pueblo pequeño para hacer historia, no por la fuerza y reciedumbre, sino por el espíritu que lo acompaña: “no por ser numerosos entre los pueblos fueron escogidos por Dios, porque ustedes son los menos”. Sólo un pueblo que por sus actos atestigüe la existencia infinita de Dios, puede ser el pueblo irreprochable, digno de ser elegido.

Las explicaciones actuales ratifican que el pueblo de Israel no fue investido ni por su conocimiento ni por su credo, sino que, muy por el contrario, fue designado para que entienda, conozca y crea; para que al ser elegido aprenda de su historia. Por su misma comparecencia ante los designios de la historia, su presencia, atestigua la existencia suprema del Todopoderso.

Es justicia que redima el mundo.

El proceso “pedagógico” de Dios no se dirige a todos sin reserva. Su intención es, justamente, escoger aun pueblo que se convierta en ejemplo de todos los pueblos, para que aprendan de él y reconozcan el camino a seguir.

El pueblo de Israel tiene un destino y una misión común.

El destino plantea una situación predeterminada, sobre la que no existe dominio. La esclavitud en Egipto es el ejemplo de un hecho que se impuso a nuestro pueblo, pero que se convirtió en un acontecimiento de destino colectivo. En cambio, la alianza del Monte Sinaí marcó el designio del pueblo judío a lo largo de toda su historia.

La revelación del Monte Sinaí no se refiere a una alianza anacrónica, válida sólo para la generación del desierto, o para los judíos de Eretz Israel en la época del primero y segundo templo. Sin lugar a dudas, reconoce la consistencia nacional de todo el pueblo judío, porque lo establece y lo congrega alrededor de un solo credo, una sola convicción, una sola cultura y una única misión.

Ser el pueblo elegido no es un derecho, es una obligación. La unión del pueblo judío no se reivindica por sí misma: necesita de la meta y el objetivo que lo concienticen, haciendo realidad el principio anunciado. Lo diferenciado del pueblo de Israel es que tiene una meta y una dirección definidas, que lo distinguen en su vida como pueblo.

El pueblo de Israel es el “pueblo elegido” que se reelige en cada acción, demostrando la peculiaridad que lo autodefine y lo inspira para ser consecuente con los principios y las obligaciones que le permiten vivir de acuerdo con los designios de Dios. El Dios que lo elevó hacia la voluntad Divina.

Remitido por Mireia Mumbardó.