Tribuna

El amor por Israel de una descendiente de judíos conversos

Adriana Merino, que nos escribe desde Mar del Plata (Argentina), nos ha remitido una emotiva carta que, con su autorización, queremos compartir con todos los amigos de la red Tarbut Sefarad. Muchos se reconocerán en las emociones y sentimientos que describe al "encontrar respuestas" y descubrir sus orígenes judíos, y su compromiso y anhelo por restaurar la memoria de quienes la precedieron...

 

Estoy aprendiendo que los sábados se respetan, que la estrella con nombre alumbra mi camino, que mi corazón ya encontró respuestas. No quiero caer en lo simple y fácil de "no hay casualidades", pero así nombré un programa de radio donde mezclaba humor con música. La película de mi vida está llena de señales que no estaba preparada para ver. Hoy sí, hoy sé quienes son ellos, los que perdieron la identidad, la tradición. Hoy sé que, de alguna forma, a través de la sangre, del inconsciente (esto último es bien freudiano), me transmitieron su necesidad de que pusiera en palabras su historia. Me guiaron con sus apellidos y la historia verdadera, leída con la misma avidez de mis seis años cuando pedía libros y más libros. La historia de esa España que no me pudieron contar porque no los conocí y hoy me dicen "seguí encontrando tu identidad porque encontrando la tuya restituís la nuestra".

Y qué simple, soy feliz. Me duermo sabiendo quien soy. Me despierto agradeciendo a Dios que me haya sacado el velo de mis ojos para saber que algún día visitaré alguna judería para encontrar las huellas de ellos, que al mismo tiempo soy yo. Y también, escribirle a Tarbut Sefarad, al Sr. Bonnin, al Sr. Mario Sabán, y contarles de mis lágrimas cayendo en el teclado de la computadora, al encontrar a esas abuelas, bisabuela silenciadas, desde aquel 1400 y pico cuando la intolerancia comenzó a tener cuerpo de monstruo. Por eso, cuando mi corazón se tranquilice, y deje de llorar por tanto dolor, sé que escribiré algo de lo que siento hoy, y que no es poca cosa. Sé que podré mirar el video El último sefardí sin que se empañen mis ojos, sé que en algún lugar un ancestro perdió la llave y quizá, por qué no, pensar que esa llave hoy soy yo. Y de esa forma liberar a los que me precedieron y decirles: hoy podemos ser.

Shalom
Adriana Merino