Tribuna

El Papa Francisco y el diálogo con los judíos

Artículo del Dr. Mario Saban.
A veces en la vida una persona tiene la gracia de conocer a otras que marcarán el camino de la humanidad. Para un creyente (como es mi caso) un tanto herético (por mi librepensamiento, mezcla de racionalismo y misticismo), la vida no puede ser pura biología, sino que, por el contrario, posee energías más allá de nuestra percepción. Cuando entre los años 2000 y 2002 grabábamos con el padre Marco en la televisión argentina programas de diálogo judeocristiano surgió la idea de conocer al nuevo Arzobispo de Buenos Aires, el padre Bergoglio.

 

El padre Guillermo Marco, gran amigo personal, fue durante años su mano derecha al frente de la Iglesia Católica en Buenos Aires. Así fue como se produjo mi primer encuentro con el Arzobispo de Buenos Aires. Me imaginé entrando en un “palacio episcopal”, pero, al ingresar, me recibió, de manera muy austera, el padre Jorge Mario Bergoglio. Recuerdo ese momento con mucha emoción: cuando le dije “padre” (en señal de respeto; como judío, entiendo que el único Padre es el que se encuentra en el cielo), Bergoglio me respondió “hermano”. Por lo que ya intuía que algo estaba cambiando...

El Arzobispo de Buenos Aires me recibió como a su “hermano judío”, “su hermano mayor en la fe”. En esta reunión le regalé mi obra Las raíces judías del cristianismo y le manifesté mi preocupación por el hecho de que millones de cristianos en el mundo no conocían sus raíces judías. Todo cristiano, pienso, debe conocer su deuda con el judaísmo.

En el año 2002 me trasladé a Barcelona para comenzar mi doctorado en Filosofía. Cada vez que regresaba a Buenos Aires, cada año o cada dos años, pedía una audiencia con el entonces Arzobispo.

Recuerdo nuestro último encuentro en Buenos Aires, en diciembre de 2011.  Le expliqué la situación del diálogo entre los judíos y la Iglesia Católica en España, y le manifesté mi preocupación: el diálogo estaba estancado, paralizado o inclusive que había señales de involución.

Recuerdo que el Arzobispo de Buenos Aires me dijo que había que seguir luchando y que Dios siempre estaba con nosotros. Le dije: “El pueblo de Israel sabe muy bien que Dios está con nosotros”. En mi último encuentro le regalé mi obra El judaísmo de San Pablo y le expliqué que la obra ”era una visión judía de Pablo”… El Arzobispo sonrió.

Otra anécdota que recuerdo de nuestra reunión fue el hermoso candelabro de siete brazos que tenía en su despacho. Me dijo: “Es un regalo”. Me explicó que un feligrés, un poco fanático, le dijo que aquello era un símbolo judío; a lo cual, Bergoglio le respondió que el candelabro fue entregado por Dios a Moisés y que, por lo tanto, esta Menorá  se quedaba en el Arzobispado.

Dos mil años después de nuestra división, cristianos y judíos debemos reconocer nuestro origen común. Porque las promesas y la Alianza de Dios con Israel son irrevocables (Romanos 11.28 y 29).

Tengo muchas otras anécdotas de este último encuentro. La verdad es que nunca había encontrado dentro de la Iglesia Católica tanta humildad.

Ahora el mundo católico descubre en el Arzobispo de Buenos Aires la sencillez en su máxima expresión.

Para mí seguirá siendo el hermano Bergoglio (ahora es el Papa Francisco), pero estoy seguro de que cuando en pocos meses tengamos la gracia divina de volver a vernos (en Roma), el hermano Bergoglio se reencontrará con el hermano Sabán, al margen de todos los títulos (en los que ambos no creemos), al margen de todo poder (que solo viene de Dios) y al margen de todos los cargos, que son inútiles si la persona no está preparada para trabajar por el bien del prójimo.

Estoy feliz de que haya sido elegido Papa, ya que creo que es posible que la Iglesia Católica, con este Papa, descubra nuevamente el cristianismo, que, para mí, no es ni más ni menos que la aplicación de la Torá desde la perspectiva del rabino Jesús. Es posible que la Iglesia Católica retorne al cristianismo original, que es en definitiva el judaísmo de Jesús. Este Papa conducirá a la Iglesia a un retorno real a sus raíces, sin formalismos, con la simpleza de los mandamientos de Dios, con la convicción de que puede existir un mundo mejor.

Recuerdo que en Buenos Aires el padre Bergoglio dialogó muchísimo con todos los rabinos, y es de destacar su relación con el Rabino Skorka.

La Iglesia Católica ha elegido a la mejor persona para reiniciar una nueva etapa a favor del diálogo con el pueblo de Israel. Yo, como judío, estoy orgulloso de esta elección, y por ello espero que se cumpla la profecía de aquel judío de Tarso (San Pablo): “De que todo Israel será salvo”.

Ahora Francisco es uno de los jefes del “Israel de los gentiles”, de nuestros hermanos hijos de Abraham por la adopción de la fe en Dios.

El pueblo judío tiene que estar feliz con este nombramiento como jefe de la Iglesia Católica del nuevo Papa Francisco, mi amigo y mi hermano.

Yo, como hermano mayor en la fe, como dijo en su día Juan Pablo II en la Sinagoga de Roma, doy la bienvenida al hermano Bergoglio. Gracias al Dios de Israel por poner al frente a un hombre bueno, a un hombre sencillo, porque Francisco mira a todo hombre desde el amor, y no desde el poder.  Y este es el verdadero objetivo de toda la espiritualidad, es la esencia de la  Torá. Quien se conecta con la esencia espiritual de la Torá es verdaderamente judío. No hay conexión con la interioridad del ser humano sino desde la simpleza, desde la sencillez, desde la igualdad, porque todos somos imagen y semejanza de Dios.

Que el Dios de Israel y de los gentiles bendiga a mi amigo Bergoglio y que le dé las fuerzas suficientes para derrotar todas las formas del mal.

Desde mi corazón, tu hermano judío,

Mario Saban