Tribuna

En desacuerdo con el artículo del Sr. Sanguinetti

Artículo de Ángel Miranda, integrante de Tarbut Lleida

Ayer, Vigilia Pascual para los cristiano-católicos, -nuestro Seder de Pesaj- acudí a los oficios en una humilde capilla de la Residencia de Ancianos que las Hermanitas de los Pobres tienen en mi ciudad. La visión de la decadencia física de los asistentes contrastaba con el brillo de esperanza que se intuía en sus ojos cansados y la voz bien timbrada de la Hermanita, que nos cantó el Pregón Pascual –nuestro Hagadá de Pesaj - ,  creó una atmósfera de alleluias.

“Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo”.

Y con esta estrofa me quedé absorto y pensativo, trasladándome al túnel del tiempo en las tristes relaciones cristianos-judías, acunado por la melodiosa voz de la cantora.

El hecho de que la Iglesia en unos de sus actos litúrgicos más solemnes mencione a los hijos de Israel como a “nuestros padres” me ha hecho repasar el artículo des Sr. Sanguinetti así como la doctrina de la Iglesia más reciente sobre las relaciones judeo-cristianas.

Resulta esperpéntico el ensañamiento y las conclusiones retrógradas que tanto el Sr. Sanguinetti (uno de cuyos párrafos afirma que: “se inscribe en una dirección fundamentalista de peligrosa actitud discriminatoria”) como otras voces del judaísmo levantan por un simple formulismo litúrgico que precede a la clara y contundente afirmación de “nuestros padres” en la fe de Abraham.

Al respecto el presidente de la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, aclaró que la oración en disputa, que sólo rezarán pequeñísimos grupos católicos, pues el resto de la Iglesia continuará con la oración que había introducido Pablo VI, sólo hace profesión de la fe cristiana, no busca hacer proselitismo de conversión.

Entre las reacciones, destaca un artículo publicado en el periódico alemán Die Tagespost, el 23 de febrero de 2008, por Jacob Neusner, profesor de Historia y Teología del Judaísmo en el Bard College, quien apoya la explicación del cardenal, aclarando que la oración no hace más que expresar la identidad cristiana.

«Israel reza por los gentiles, de manera que los demás monoteístas, incluida la Iglesia católica, tienen el derecho a hacer lo mismo, y nadie debería ofenderse por ello. Una actitud diferente ante los gentiles les negaría la posibilidad de tener acceso al Dios uno, que Israel conoce en la Torá», explica el profesor que ha enseñado entre otras universidades en las de Columbia, Wisconsin-Milwaukee y Florida del Sur.

«Y la oración católica expresa este mismo espíritu generoso que caracteriza al judaísmo en el culto. El reino de Dio abre las puertas a toda la humanidad y, cuando los israelitas en el culto rezan por la rápida llegada del reino de Dios, expresan la misma generosidad de espíritu que caracteriza al texto del Papa de la oración por los judíos, mejor, por el “santo Israel”, en el Viernes Santo», explica el professor judío.

La formula, «Recemos también por los judíos», al igual que sucede en las plegarias el pueblo elegido, «realiza la lógica del monoteísmo y de su esperanza escatológica», concluye Neusner.

Pero nada tan clarificador como el documento NOSTRA AETATE, declaración del Concilio Vaticano II, que tanto cristiano como judíos deberían conocer  para saber la postura oficial de la Iglesia. En él se leen párrafos tan hermosos como los que transcribo:

“…, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza”

“La Iglesia tiene siempre ante sus ojos las palabras del Apóstol Pablo sobre sus hermanos de sangre, "a quienes pertenecen la adopción y la gloria, la Alianza, la Ley, el culto y las promesas; y también los Patriarcas, y de quienes procede Cristo según la carne" (Rom., 9,4-5)”.

“los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación. La Iglesia, juntamente con los Profetas y el mismo Apóstol espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y "le servirán como un solo hombre" (Soph 3,9)”.
 

“Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios”.

Para mí, como cristiano, seguidor de un Rabí Judío al cual mi fe le designa como Mesías e Hijo de Dios, considero estas pequeñeces como ansias de personalismo sin fundamento consistente. Pongamos nuestras energías en las cosas que nos unen que son muchas más que las que nos separan.

Ángel Miranda
Miembro de Tarbut Lleida